jueves 19.09.2019

Un baño pétreo de nostalgia lleno de dobles significados y mucho sentido del humor

El escultor arteixán Mico Rabuñal inauguró ayer, en la galería Monty4, su muestra “Tótems y placeres pétreos”
Mico Rabuñal (centro), junto a una de sus obras | Pedro Puig
Mico Rabuñal (centro), junto a una de sus obras | Pedro Puig

A simple vista pueden parecer simples recuerdos de épocas pasadas, todo un baño de nostalgia, pero que observados durante un mayor lapso de tiempo permiten encontrar un segundo significado, un doble sentido que aporta un nuevo valor a la obra.

Este es el principal viaje que propone el escultor Mico Rabuñal en la nueva exposición en la galería Monty4. Son un total de trece obras “de nueva composición”, en las que Rabuñal revive el pasado de muchos a través de objetos claramente reconocibles por el público general.

Una cinta de cassette siendo rebobinada por un lápiz; un Frigopie; una goma Pelikan, “de esas que borraban lápiz y bolígrafo”; nubes de azúcar; un helado de corte o petardos, son algunas de las nuevas composiciones del escultor arteixán. Todas ellas tallas directas en piedras, “mármol, granito o calizas”. Son objetos que “evocan a mi infancia”. Además de la parte visual del propio objeto, “siempre tienen un mensajillo detrás”.

Pero la muestra tiene otra parte “fundamental”, como es el humor. Además del trabajo que hay detrás de la propia talla, Rabuñal siempre busca que, por lo menos, “al espectador con verla ya se le insinúe la sonrisa en la boca”.

Tal y como explica el propio artista, define estas obras como “arte pop”. En algunas de sus piezas incluye otros elementos además de la propia piedra, como metales o elementos reciclados y, en las últimas, “siempre pinto la piedra, siempre doy unos lacados, unas pinturas, para conseguir un efecto más realista”, comenta.

Orígenes y futuros proyectos

La vena artística le viene desde bien pequeño. “Vi una imagen en un libro de EGB, que era de mi prima mayor, y me quedé flipado con ella, y no pude parar de reproducir esa imagen”, señala Rabuñal. Poco a poco siguió mostrando su talento hasta que, al llegar al instituto, le comenzaron a hablar de las escuelas de arte. Ya en el instituto hacía tallas de madera “y se las vendía a los compañeros”, pero se adentro de lleno en el mundo de la escultura una vez entró en la escuela de arte.

Tras acabar las piezas de esta colección, que se podrá ver en la galería Monty4 hasta el 1 de noviembre, Rabuñal se tomará unos días libres, pero ya tiene en mente sus nuevos proyectos centrados más en aspectos figurativos.

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