lunes 18/1/21

O Ventorrillo se sitúa en el centro de la ola de robos que azota a la ciudad

El allanamiento y saqueo de las instalaciones de la asociación de vecinos de O Ventorillo del fin de semana pasado, de donde se llevaron más de 2.000 euros, ha puesto otra vez de relieve que la ola de robos nocturnos en establecimientos que comenzó en agosto aún colea, y en ningún lugar lo saben mejor que en este barrio.

Juan Lampón, a la entrada de su negocio, en la calle de Alfredo Tella	quintana
Juan Lampón, a la entrada de su negocio, en la calle de Alfredo Tella quintana

El allanamiento y saqueo de las instalaciones de la asociación de vecinos de O Ventorillo del fin de semana pasado, de donde se llevaron más de 2.000 euros, ha puesto otra vez de relieve que la ola de robos nocturnos en establecimientos que comenzó en agosto aún colea, y en ningún lugar lo saben mejor que en este barrio. Allí, los propietarios de los negocios de hostelería se sienten bajo asedio: muchos han sufrido robos o, por lo menos, intentos de allanamiento.
Aunque ningún local está a salvo, la mayoría de los lugares asaltados son bares. Los ladrones actúan preferentemente los fines de semana. Todos los locales fueron robados mediante el mismo modus operandi: a partir de las cuatro de la madrugada, los ladrones (suelen actuar por parejas) emplearon una palanca para forzar la puerta, entraron en el local y fueron directamente a por la caja registradora, que apareció poco después abandonada. 

A pares
A veces, los ladrones actúan en más de un local en solo una noche: el uno de octubre, los mismos individuos irrumpieron en el bar Talía, situado en la calle Panamá a las cuatro de la mañana, y después se pasaron por la tienda de golosinas  Dulce nube, en la calle del alcalde Salorio Suárez a las seis y media. Su dueña, Juana Ordóñez, señala que la caja registradora, así como la báscula, aparecieron en el parque de allanado: “También se llevaron la tablet de la niña. Me llamaron los de la alarma. La caja apareció pero vacía, claro. Debieron llevarse 300 euros”. 
La dueña del bar Talía recuerda que todo ocurrió muy deprisa. “Se lo había dejado a una empleada mía, para que probara a establecerse por su cuenta”, explica Carmen Lago. Cuando la mujer volvió, veinte minutos después, ya habían desvalijado el local y atacado la caja registradora. Lago se hace eco del sentir general del gremio en el barrio: “Esto te desanima, porque abres un negocio, metes, metes y metes dinero, y pasan estas cosas. Para la chica fue demasiado, y lo dejó”. 
Hasta el colegio fue objeto recientemente de un robo, aunque las autoridades señales que los responsables no fueron los mismos a los que se les achacan los allanamientos en los locales allanados. n

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