sábado 16/1/21

Las ventajas de ver bien a Ryan Gosling

Sus negocios son especies en peligro de extinción. Gracias a ellos, el señor dvd sigue respirando en muchos hogares. Abre y cierra su pletina y su mando a distancia no se ha quedado agarrotado.

Jamie Fowlie vino a un congreso desde Toronto y se quedó en A Coruña para siempre	quintana
Jamie Fowlie vino a un congreso desde Toronto y se quedó en A Coruña para siempre quintana

Sus negocios son especies en peligro de extinción. Gracias a ellos, el señor dvd sigue respirando en muchos hogares. Abre y cierra su pletina y su mando a distancia no se ha quedado agarrotado. A su lado, el PC se alimenta de discos y no de pens y la vista tiene menos trabajo con más píxeles a su alcance. Los videoclubs que se poblaron en los 80 y 90 de cinéfilos en busca de más se esfumaron del ecosistema con la aparición de las plataformas digitales. Marcharon y con ellos, la incertidumbre de “cuál cogemos” y esos paseos repetidos por las estanterías dedicadas a la comedia y a la acción, una tarea que ahora se culmina con éxito a golpe de pantalla.

Desde Toronto a Monte Alto, Jamie Fowlie acabó en el barrio por casualidad, después de que un congreso de filología lo atrapara en la ciudad para siempre: “Necesitaba un cambio de aires”. Eso fue hace 20 años. En 2014, vio el cierre de Josman como una oportunidad para convertir su afición al cine en algo más. Así que les propuso hacerse con su colección de pelis y llevarlas al local donde hoy están concentradas como un equipo de fútbol.

AíndaDVD es distinto: “Aquí la gente no entra, coge una peli y se marcha como si fuera con una máquina”. Los clientes vienen a hablar y comentar la última novedad. En 400 metros cuadrados, no caben todas sus criaturas. Así que el pedido funciona a través de catálogos y mucha despensa.

El método de alquiler no cambia. Los consumidores de tramas siguen adquiriendo derechos de arrendamiento con una tarjeta de prepago, que adelgaza euros en cada batida. En este videoclub no hay pornografía y muy poco blue ray.
En la familia de DVD, las series entran desde hace tiempo. Dice que son un filón. Ayudante de profesor en la Universidad, Jamie Fowlie no se queda inmóvil detrás del mostrador y lleva su pasión a los bares con encuentros “meet-up” sobre pelis, que organizan los martes cada quince días en O Poleiro: “El videoclub es un proyecto de barrio” y las tertulias congregan en Atochas a vecinos con ganas de contar qué les ha parecido un título que eligen entre todos. Además, tienen que hacerlo en inglés.

En el ranking de las más buscadas, el experto asegura que “La isla mínima” batió todos los récords y que “Hotel Budapest” sigue teniendo su público. Con 500 socios, Jamie indica que la mayoría de los que practican esta religión son del 15.001 o del 15.002, como mucho del 15.003, pero también vienen de Cambre y Oleiros.

Lo mismo ocurre en Cinemanía, donde Iván Neira se atrincheró en 2004 y no solo le ganó el pulso a la crisis sino que le dio alas a sus abonados, que hoy tienen la opción de degustar la temporada de una serie sin prisas, en cinco días. Asimismo, introdujo el cine de otras culturas: “Les interesa lo que se hace en Sudamérica o en India”.

El dueño del videoclub sigue abriendo carátulas con soltura: “Nos fuimos amoldando y cuando el volumen de negocio descendió, bajamos el volumen de compras”. Sin embargo, la comodidad y, sobre todo, la calidad del material que ofrecen está por encima de todas las descargas para los que realmente valoran ver la imagen sin que esté pixelada. Ellos, los clientes, prefieren disfrutar a Ryan Gosling con acabados perfectos y releer los créditos de lo que acaban de visionar si hace falta. Neira cuenta que todas las semanas registra nuevas altas.

El negocio marcha y aunque no tiene el tirón de antaño cuando los coruñeses se apuraban a bajar en ropa de casa a por las novedades, en la actualidad está contento y, en ningún caso, tiene pensado cerrar.

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