miércoles 20.11.2019

Vecinos de Os Mallos denuncian un foco de inseguridad en un edificio abandonado desde hace un año

Ladrillos contra las ventanas, cristales en las calles e intrusiones en inmuebles aledaños son algunas quejas
Los escombros caídos en la escalera denuncian los daños causados por el vandalismo en el edificio | patricia g. fraga
Los escombros caídos en la escalera denuncian los daños causados por el vandalismo en el edificio | patricia g. fraga

Hace ya un año (la efeméride se cumplió el año pasado) que un vecino de la calle del Pintor Germán Taibo, en Os Mallos, presentó la primera denuncia ante el Ayuntamiento quejándose de las obras ilegales que se estaba llevando a cabo en el número cuatro. Actualmente, estas obras están paralizadas, pero las molestias persisten: individuos se cuelan en el interior del edificio a medio hacer, arrojan ladrillos, rompen ventanas y arman jaleo. “Ya va en cuatro ocasiones que ha tenido que acudir la Policía”, asegura un vecino.

La última vez, la más grave, fue el mes pasado, cuando unos individuos subieron hasta el primer piso y arrojaron ladrillos a través del patio de luces al edificio de enfrente: impactaron en la ventana de un vecino, rompiendo la persiana y un cristal, y arrojaron más ladrillos y una silla al patio de enfrente, que pertenece a una mujer nonagenaria. “Ya no es un asunto solo de molestias, sino también de daños”; explica el vecino que lleva un año intentando que le reciban los responsables de Urbanismo.

Un piso añadido

Al parecer, la licencia para las obras se limitaba a una simple reforma “de los baños y de la fachada”. Pero el constructor decidió tirar tabiques y, lo que es más, añadió un piso al inmueble. Incluso proyectó un alero que invade diez centímetros la propiedad de al lado, la del número 6 de Germán Taibo. Ante este estado de cosas, se paralizaron las obras.

Cuando empezaron los problemas con los intrusos, el Ayuntamiento conminó al dueño a sellar los accesos, pero este se limitó a colocar en la abertura una plancha de contrachapado, que se vino abajo rápidamente. Los intrusos ignoraron incluso la cinta policial para entrar en el interior, que ha sufrido varios daños. La escalera, por ejemplo, está llena de cascotes que arrojaron desde los pisos superiores, y una habitación del primer piso está llena de excrementos. También han llegado a arrastrar un colchón con somier incluido, pero no se sabe que nadie haya pernoctado ahí.

Sí hay, en cambio, motivos que para creer que a través del patio de luces del inmueble y por una ventana alguien ha accedido al primer piso del número dos de la misma calle para dormir allí. Como todo el edificio está vacío, excepto el bajo, que ocupa un local de hostelería, nadie se dio cuenta, y fueron los propios hosteleros los que dieron cuenta de ello a la dueña del edificio, que procedió a cerrar la ventana por la que se había colado para evitar futuras intrusiones.

Pero lo que quieren los vecinos es una solución expeditiva: que el Ayuntamiento obligue al constructor y propietario a tapiar todos los accesos.

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