domingo 17/1/21

Con la única condición de aliar huevo y patata

Con la única condición de aliar la patata con el huevo de la mejor manera posible, con opción de cebolla como segundo ingrediente invitado a la fiesta, O Castrillón confirmó ser el barrio más tortillero en una novena edición del concurso organizado por la asociación O Castrillón-Urbanización Soto “IAR”.

Con la única condición de aliar la patata con el huevo de la mejor manera posible, con opción de cebolla como segundo ingrediente invitado a la fiesta, O Castrillón confirmó ser el barrio más tortillero en una novena edición del concurso organizado por la asociación O Castrillón-Urbanización Soto “IAR”, que convirtió la plaza de Pablo Iglesias en una delicia culinaria. Tanto que decenas de personas se agolparon tras la valla para tratar de llevarse a la boca el sabroso manjar preparado a conciencia por sus vecinos de puerta.
Minutos antes del veredicto del jurado, Celsa Arenas no era capaz de recordar su vida sin una tortilla en la mesa: “Fíxena normal, con ovos de Cambás, doradiña por fóra e un pouco suave por dentro”. Y aunque la suya no fue la triunfadora, los 23 que trajeron sus criaturas en volandas a la plaza en la que reparten chismes se dieron por satisfechos.
La tarde prometía y sobre el ring, expertos gastronómicos como Alberto Méndez, del Asador Coruña; Carlos Gayoso, de Gaioso; o Gorka Rodríguez, de Pulpeira de Melide, agudizaron su sentido del gusto para catarlas todas en bocaditos pequeños hasta dar con las ocho mejores. A escasos metros, Demetrio contaba que él y su mujer eran concursantes habituales, cansados de darle vuelta y vuelta al asunto en casa, pero si él opta por dejarla más jugosa al estilo betanceiro, Ángeles pone a la cebolla a bailar y se libera de directrices. La receta la marca su instinto. Ella fue la que se subió finalmente al podio en primera posición. No pudo asistir a la cita, así que Demetrio hizo los honores, orgulloso de que la vencedora saliera de la misma cocina donde él experimenta.
De segunda, quedó la de María Jesús Rebollo, que ya convenció en 2011. Por eso, quizá no cambió la forma de hacer. Tampoco lo hace en el bar que regenta, bar Fuentes, situado en el mismo enclave, donde la tercera, Dorinda Marzoa, bate con salero los huevos cada día en su cervecería Dori. La plaza de la Concordia se convirtió así en epicentro de la tortilla y ambas se felicitaron sabedoras de la fama que les avala desde hace años.
Dorinda contaba que era su primera vez, que la cocinó “normal”, tal y como un día le enseñó su abuela Elvira. Por ella, fue el tercer galardón de la tarde y también por su hija, que le animó a que bajara una de cientos con las que deleita a su gente cuando toca saltarse la dieta del colesterol.
Aun siendo competencia, las residentes en Javier López López y Rafael Bárez se llevaron laureles de un certamen, que coronó a la de Ángeles Oujo como la mejor del distrito. El colectivo vecinal condecoró a las tres con una “viradeira” de Buño y vales de compra por importes de 150, 100 y 50 euros en Gadis.
Sin embargo, al margen de las recompensas, las tres se fueron a sus casas con el honor de destacar por encima de 20 tortillas de expertos. Después de los aplausos, llegó el momento de repartirlas y como es habitual, se sucedieron los empujones. Había hambre y O Castrillón no estaba dispuesto a guardar ayunas.
Así es que los elementos amarillos se devoraron en cuestión de minutos para seguir con un programa festivo que ofreció a las diez la actuación del grupo de cantareiras “IAR”, mientras que Tiruleque continuaron sirviendo tradición, esta vez, en forma de panderetas y acordeones.
El barrio se prepara hoy para su última jornada de guirnaldas. Por delante, queda una mañana dedicada al teatro que se disfruta al aire libre, a la creatividad y la conciencia con talleres ambientales y a la literatura con un intercambio de libros. Por la tarde, la estatua de Pablo Iglesias será testigo del pasado y el presente. El pasado lo pondrá el colectivo Melga y la memoria de los mayores, que recordarán muchos de los “trebellos” con los que pasaron muchos ratos de pequeños.
Precisamente, los más bajitos viajarán a un tiempo que no les tocó y la sesión de juegos tradicionales dará paso a un obradoiro de marcapáginas y un fin de fiesta, que no puede ser de otra manera. Con bachata y pasodoble. Gran Parada disparará su arsenal a eso de las once de la noche.

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