jueves 22.08.2019

La Torre de Hércules, un faro sin luz durante años

La reforma de la Torre de Hércules planteada por el duque de Uceda en 1684 –con la que se dotó al faro de la escalera interior y de dos torreones que indicaban su posición a los navegantes– apenas duró unas décadas.

Escudo con la Torre reformada por el duque de Uceda y otro que muestra el farol colgando a media altura
Escudo con la Torre reformada por el duque de Uceda y otro que muestra el farol colgando a media altura

La reforma de la Torre de Hércules planteada por el duque de Uceda en 1684 –con la que se dotó al faro de la escalera interior y de dos torreones que indicaban su posición a los navegantes– apenas duró unas décadas. Uno de los torreones en donde se alojaban los fanales dejó de funcionar en 1730 y no llegó a recomponerse y el segundo dejó de prestar su servicio en la noche del 5 de septiembre de 1769, al caerle un rayo que lo destruyó, dejando por tanto a la Torre sin iluminación marítima, aunque todas las embarcaciones seguían pagando el derecho de linterna.
El intendente general de Galicia dispuso entonces como solución que se colocasen tres medianos faroles, con las mismas tres luces con las que estaba dotado el torreón incendiado. Advertía, no obstante, que esta iluminación difícilmente podría subsistir en tiempo de invierno; ni aún colocando los faroles atados a la Torre se evitaría que acabasen sucumbiendo a algunas de las tempestades que batían con fuerza en la zona.

Arreglo temporal
En 1772 se propuso un arreglo temporal del alumbrado de la Torre, el cual resultó ser tan escaso como inútil para la navegación. Así quedó recogido en el legajo 880 del 19 de noviembre de 1791 (AGS): “Desde  el año 1772, se hizo el arreglo del alumbrado que tiene esta Torre, tan escaso e inútil como demuestra y es notoria a todas las naciones que vienen a los puertos de Galicia y navegan por estos mares y costas, hay un vigía o torrero con sueldo diario de seis reales de vellón... la obligación del torrero se reduce a presentarse en la Torre al rayar el sol, dar parte en verano a las siete y en invierno a las ocho de la mañana, de sí se avistaron ó avistan barcos y si ocurrió otra novedad, igual parte da al ponerse el sol, en cuya hora se retira a su casa, dejando la pequeña linterna o farolillo encendido, sin más obligación, ni aún de estar en la Torre todo el día, los partes se dan al capitán general del Ejército de Galicia, al comisario de Marina y al capitán del puerto”.
“De la construcción  y figura de la linterna”, continuaba el texto, “solo se puede aseverar que es de las más ordinarias y comunes, de hoja de lata con tres vidrios de a cuarto, no más alto y una candileja dentro, también de hoja de lata para poner la pequeña mecha, este farolillo se coloca en lo más alto de la torre antes de su reparación y después de ella se hace en el balcón de su segunda cornisa, atado con cordeles a un madero para que no lo lleve el viento. La más de las veces suele apagarse si da de frente (el viento) pero de nada sirve aún encendido, pues por ser tan escasa luz, no alcanza a verse ni aún a media milla de la mar”.

Estado ruinoso
Cuando se toma el acuerdo de poner un farol portátil en 1772 cuya señal identificasen los navegantes pudiendo así seguir el rumbo establecido, se debía a que la Torre en su parte superior había quedado destruida en 1769 y era precio y urgente su arreglo. Lo que se hizo, no obstante, fue un reparo precario. Esta representación de la Torre de Hércules en que muestra un candil, se puede ver en el escudo de La Coruña un fanal encendido y colgado a media altura sobre la Torre.
En otro legajo del AHN, el 3208, expediente 327, documento 8, de fecha 1785, se pone de manifiesto el estado ruinoso que presentaba la Torre: “Hace muchos años que falta y no se enciende semejante linterna, quedando expuestas las naves, singularmente en noches oscuras y tormentosas a perder el rumbo, equivocar la entrada en puerto y dar a la costa y alguna vez a meterse en la ensenada del Orzán entre el cerro de San Pedro y la Punta de la Torre, paraje tan expuesto que es como imposible el salvamento de las embarcaciones que entran en ella. Este precioso monumento de la antigüedad, va arruinándose a toda prisa por no haberlo reparado y sostenido como conviene e importa”.
“Empiezan los cimientos a padecer por haberse descarnado y separado algunas piedras”, enumera el texto. “Los lienzos de las paredes maestras están también bastante maltratados, aunque todavía firmes y en verdadero nivel. Está sin capitel ni cubierta. Las aguas llovedizas corren todo su interior y como es más subsistente la humedad, sufre extraordinariamente la fábrica. Tuvo antiguamente una rampa o escalera que subía exteriormente a manera de caracol hasta el sitio donde se fijaba la linterna”.
A partir de este pormenorizado informe, se toman al fin las medidas precisas para que en el año 1788 el Real Consulado de La Coruña, en unión con la autoridad de Marina, lleve a efecto la restauración definitiva de la Torre de Hércules. Se hará de la mano del ingeniero ordinario de la Armada Eustaquio Giannini Bentallol, de origen extremeño.

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