viernes 27/11/20

El Supremo ratifica la pena de 35 años para los condenados por esclavizar a mendigos

La sala de lo penal del Tribunal Supremo confirmó las penas impuestas a los cuatro condenados por explotar a sintecho que recogían en al calle y que hacían trabajar en poblados chabolistas

La sala de lo penal del Tribunal Supremo confirmó las penas impuestas a los cuatro condenados por explotar a sintecho que recogían en al calle y que hacían trabajar en poblados chabolistas. Dos de ellos, cuñados y feriantes de tenia gitana, fueron condenados a 36 y a 35 años y medio de prisión, respectivamente, por delitos de trata de seres humanos, de tratos degradantes, de lesiones, de hurto y de tenencia ilícita de armas. Además, las esposas de estos también vieron confirmadas las penas que fijó la Audiencia Provincial en la sentencia recurrida: y que consisten en seis  meses de prisión por un delito de trato degradante en un caso, y en el otro, un año de prisión por tenencia ilícita de un arma. 
Igual que lo hizo la Audiencia en su día, la sala de lo penal del Tribunal Supremo considera que estos individuos  obligaron a trabajar a estas personas sin recibir nada a cambio, además de aprovecharse de las pensiones o ayudas sociales que cobraban. Les mantenían confinados y les amenazaban ”creando una situación de miedo que les impedía no solo negarse a realizar las tareas encomendadas, sino también a  tomar la decisión de marcharse, ante el temor a represalias”.
Gracias a Cruz Roja 
El caso salió a la luz pública en febrero de 2015, cuando una de las víctimas contó a las asistentes sociales de Cruz Roja (a donde le habían llevado para que le tramitaran la ayuda social que supuestamente luego tratarían de apropiarse) lo que estaba pasando, lo que permitió alertar a la Policía Nacional. Los dos feriantes  se habían dedicado a ganarse la confianza de indigentes, a los que abordaban en la calle para ofrecerles trabajo. Nunca aclaraban las condiciones de dicho trabajo pero, como muchos presentaban limitaciones psíquicas (algunos, con minusvalía del 67%), accedían a acompañarlos al poblado. Esta práctica comenzó en 2011 y no finalizó hasta que fueron descubiertos. Primero al de A Pasaxe, y después a otro situado en  Ledoño, en Culleredo.
Allí eran obligados a trabajar en como la limpieza y la construcción de sus chabolas, o en tareas relacionadas con las atracciones de ferias que gestionaban. Nunca les abonaron ningún sueldo, y  los alojaban en habitáculos en “condiciones higiénicas lamentables”.  sin cuarto de baño ni agua caliente para ducharse, y tenían que dormir en la caja de un camión que muchas veces estaba cerrado. Cuando alguno intentaba a veces escaparse, era alcanzado y golpeado en represalia. En una ocasión, para intimidar a uno de ellos, le enseñaron una pistola y dispararon delante de él, la misma arma que sirvió para condenar a una de las mujeres. l

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