Martes 20.11.2018

“Siempre fui una negada para el ritmo, pero un día, no sé cómo, empecé a tocar la batería”

Carlos Tajes y Silvia Rábade avanzan en el nuevo trabajo, pero no se aguantan las ganas del directo. Por eso, se fueron ayer a Pontevedra para tocar hoy en As Pontes y meterse hasta finales de año en el estudio y no salir hasta tenerlo.

Los coruñeses le dan forma a un trabajo que será más potente y rockero
Los coruñeses le dan forma a un trabajo que será más potente y rockero

Carlos Tajes y Silvia Rábade avanzan en el nuevo trabajo, pero no se aguantan las ganas del directo. Por eso, se fueron ayer a Pontevedra para tocar hoy en As Pontes y meterse hasta finales de año en el estudio y no salir hasta tenerlo. Todavía no le han puesto un nombre: “Siempre esperamos al final”, pero el siguiente artefacto suena a batería y eso sí que es novedad en la banda. Todo surgió de forma natural e igual que tocan “para transmitir el buen rollo de hacer algo que nos gusta”, la percusión y la guitarra eléctrica piden paso entre la selva. Aún así, “no es 100% otro grupo, las canciones son las nuestras de siempre, pero potentes, un poco diferentes”. 
Como adelanto, cuelgan un sencillo “Anyway”, que alcanza las 20.000 miradas en internet y que deja ver por donde van: “Es rollo folk y rock, pero más rock, con más fuerza”. Se define como “gente muy natural, de andar por casa”, que un día coge la batería que Carlos llevaba golpeando durante un año y se concentra. Busca el ritmo. Lo encuentra: “Yo siempre fui una negada para el ritmo, pero un día no sé cómo empecé a tocarla y me dijo Carlos: ‘Pues para no tenerlo lo haces bastante bien’”. 
La cantante explica que lo siguiente fue llevar el set a un concierto: “‘¿Estás de coña?’, me dijo. Y funcionó, así que desde julio, la coruñesa practica el ejercicio mental que exige el instrumento y que nada tiene que ver con su ukelele. Tampoco con la guitarra, que es todo melodía. Sin embargo, señala que como no ha dejado de cantar, cantando y tocando, no se siente rara: “Me ha costado poco, algo que me sorprende porque tengo que hacer tres cosas a la vez, a veces cuatro”. 
Desde la condición de humilde, que forma parte del DNI del dúo desde que contentaban a los adoquines y paseantes coruñeses, Silvia confiesa que ha llegado “a un nivel decente”; “Pero no sé tocarla”, insiste. Advierte de que a pesar de esto, nadie “se va a morir de dolor” cuando la escuche manejarla. 
El álbum que está por venir hablará en inglés porque sus influencias “suelen ser más en inglés” y les “sale solo”. El cerebro está predispuesto, en su caso, a disparar letras en el idioma anglosajón y hasta que eso no cambie, no le llevarán la contraria en un crecimiento donde nunca descartan y hacen acopio de lo que salga. De las visitas que coleccionan en las redes, Silvia poco sabe. Antes llevaba la cuenta, pero ahora, dice, “ponemos la bomba y dejamos que explote”. 
A Silvia le gusta que los reconozcan como los artistas de la calle a la que siempre vuelven porque “actuamos en ella por necesidad”. Es algo vital y “nos da igual que sea aquí, en casa de un amigo o en un estadio” cuando el mono acusa. 
El espacio público tiene además el factor sorpresa y ella, la música, se hace tan necesaria como agradable “aunque pienses que no y hasta que no la quieres oír pero la oyes y es como un regalo”. De esos que no se esperan y llegan. Para romper el silencio del que peca la rutina. n

Comentarios