miércoles 21/10/20

La seguridad: el verdadero terror de los disfraces de Halloween

El Laboratorio de Consumo de Galicia, situado en A Grela, detecta y analiza todo tipo de productos inseguros para los ciudadanos
El Ideal Gallego-9999-99-99-999-2877423d
Máscaras de payasos alertadas por el Laboratorio de Consumo de Galicia | QUINTANA

Los disfraces de Halloween dan más miedo si no cumplen la normativa. Atuendos, máscaras, pelucas, sombreros... La fiesta de Halloween representa una nueva oportunidad para convertirse por una noche en todo tipo de personajes terroríficos. A la hora de elegir el atuendo y los complementos para el disfraz, la seguridad juega un papel crucial a tener en cuenta. El riesgo de inflamabilidad y de asfixia son dos de los peligros más comunes que pueden suponer los productos de fiesta y los niños son los más vulnerables a sufrir un accidente. El Laboratorio de Consumo de Galicia, situado en A Grela, es el organismo encargado de evaluar que los productos sean seguros y que se cumpla la calidad que se requiere. “Nuestra obsesión es la seguridad y los consumidores más vulnerables, que son los más pequeños”, explica la directora del laboratorio, Natalia Crespo González. 

Dentro de las instalaciones del laboratorio durante esta semana se podían encontrar todo tipo de artículos de Halloween. Caretas de payasos, disfraces, máscaras y antifaces... Y todos ellos acompañados de un diagnóstico que indica si son seguros o no. “Planificamos campañas durante todo el año. Están las estacionales, como carnaval o Halloween, pero también las de verano y Navidad”, comenta Crespo. Pero, ¿cuáles son los accidentes más habituales que podría desencadenar un producto que no cumple las normativas de seguridad? “En disfraces, lo que más nos encontramos son riesgos de asfixia, inflamabilidad y piezas pequeñas”, sostiene. 
Los envases, por ejemplo, son una de las principales inseguridades que hay que controlar. “La gente no se fija mucho en las bolsas que contienen disfraces. La norma dice que tienen que tener un plástico lo suficientemente grueso para que, si el niño mete la cabeza en ella, no se tapone ninguna vía respiratoria, ya que si es fino podría adherirse a la boca y nariz con gran facilidad”, alerta la directora del Laboratorio de Consumo de Galicia. Además, es importante que los disfraces o artículos contengan el marcado “CE”, es decir, que se han fabricado conforme a los requisitos de seguridad, sanidad y protección del medio ambiente que exige la Unión Europea. Si esta indicación aparece acompañada de una advertencia de edad, el producto se considera un juguete. 
 
Inseguridades repetidas
Pese a la teoría, muchos de los artículos con estas indicaciones no cumplen las normas de seguridad. El pasado año el laboratorio analizó 45 productos relacionados con disfraces, de los cuales 17 se alertaron por diferentes motivos. Cinco de ellos fueron envases; cuatro, envases e inflamabilidad; cuatro, piezas pequeñas; dos, cordones; y dos, riesgos de inflamabilidad. 

Desde el 2009 se han examinado en el laboratorio cerca de 300 disfraces y el resultado es que 144 fueron alertados por incumplir las normas. Lo más repetido, con hasta 79 casos, son los cordones que sobrepasan la longitud indicada. Estos no pueden superar los siete centímetros de largo si están en la zona del cuello, ya que podrían dar lugar a asfixias. A los cordones le siguen los envases de bolsas finos, con hasta 40 casos alertados en los últimos diez años. El riesgo de inflamabilidad, con 20 alertas, sigue el listado, que lo completan las partes pequeñas, con cuatro casos, y una alarma de ventilación. 

Y, ¿qué ocurre cuando un producto no supera la normativa de ensayo tras la valoración de riesgo? “Se alerta y se ordena la retirada del mercado, realizada por el Instituto de Consumo”, informa Crespo. Una vez se realiza la alerta, el Laboratorio de Consumo de Galicia tiene que indicar la marca, número de lote y toda la información de la que dispongan acerca del producto. 

La responsabilidad penal es un tema complicado. La legislación indicaba en un principio que el responsable era el fabricante, pero hoy en día es difícil encontrarlo. Más tarde se modificó, y se consideraba que la multa tenía que pagarla el representante en la Unión Europea del fabricante, pero muchas empresas no tienen. Ahora se busca al distribuidor, importador o la tienda directamente. “Si en la tienda no saben quién vendió el artículo o no hay factura, el responsable es el establecimiento”, aclara la directora del laboratorio, quien añade también que “el responsable del producto tiene la obligación de poner en el mercado solo productos seguros y de demostrar que su artículo es seguro”.

El tiempo que transcurre desde que se alerta sobre un objeto hasta su orden de retirada es mínimo. “Hay una red de gestión de las alertas y en el momento en el que informamos de un producto, todas las comunidades autónomas ya lo saben”, sostiene. Además, los inspectores de consumo que actúan sobre el terreno (que también se encargan de adquirir los artículos en las tiendas para su posterior evaluación) son los encargados de controlar la retirada de los artículos. “Otro paso que se realiza primero es la retirada de unidades del producto en el local donde se ha adquirido. Pedimos que se informe del vendedor y a este le solicitamos un listado de clientes, de unidades vendidas y de la localización de estas”, afirma Crespo. Todos los consumidores responsables pueden informarse sobre los avisos de seguridad en la red de alerta, que es accesible en la red del Ministerio o de Consumo.  

En el Laboratorio de Consumo de Galicia, además, reciben reclamaciones de usuarios que han hecho ante el servicio de Consumo. Las más comunes suelen ser las de aparatos electrónicos, como móviles, relojes, ordenadores o baterías, pero también han recibido cosas curiosas como tapas de váter, una moto, un embrague de un coche o una ventana de una casa. “Casi cualquier cosa que se pueda comprar en el mercado, que es infinito”, aclara la directora. Todas ellas se gestionan desde los diferentes departamentos que componen el laboratorio, que son el textil, el eléctrico, electrónico, juguetes y puericultura y químico. “Recibimos muestras de cualquier cosa, menos de comida y cosmética, que no es competencia nuestra”, concluye. El laboratorio, acreditado por la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) es el único de una comunidad autónoma que realiza temas de consumo.

Comentarios