jueves 22/10/20

San Andrés pide subir un escalón en el Plan de Protección de Ruidos

Están obligados a escapar los fines de semana porque sábado es sinónimo de botellón y gritos a altas horas de la madrugada y los vecinos de la calle de Vista, una perpendicular a San Andrés, no pegan ojo desde hace años.

Los vecinos del número 90 han tenido que reparar la puerta en numerosas ocasiones | javier alborés
Los vecinos del número 90 han tenido que reparar la puerta en numerosas ocasiones | javier alborés

Están obligados a escapar los fines de semana porque sábado es sinónimo de botellón y gritos a altas horas de la madrugada y los vecinos de la calle de Vista, una perpendicular a San Andrés, no pegan ojo desde hace años. En concreto, los que viven en el número 90, se despertaron el lunes con la puerta de su portal destrozada, partida en seis cachos y “sin posibilidad de ser reparada”. 
Uno de ellos, Javier Pandiella, explica que al parecer fue sobre las dos o tres de la mañana cuando se oyeron fuertes ruidos como si le estuvieran dando golpes con un objeto contundente. De hecho, una vecina llamó al 092, pero cuentan los afectados que no se personó ningún agente en la zona y a día de hoy, “tenemos una puerta provisional”. Al lado, el montacargas sigue en la UCI desde hace tiempo: “Repararlo supondrá mucho dinero para la comunidad porque tanto la puerta como los marcos están inservibles”. 
La parte inferior está podrida, “las puertas no cierran” y aunque las trataron de enderezar, “la pestaña no agarra y el motor se está estropeando”. La razón es la orina de los que adoptan el ascensor como baño público en las noches de fiesta: “Hay tres bares en la calle y siempre están meando”. Pandiella añade que en los días de resaca posteriores a los de marcha, “es horroroso el olor si bajas la ventanilla”. 
Sin embargo, explica que esto no es lo peor de todo porque “los fines de semana es imposible hacer vida en el edificio”. Cuando llega el verano, la agonía se extiende a todos los días de la semana “menos el lunes”. Javier asegura que esto viene potenciado por las ofertas que lanzan los locales: “Hay uno de cinco cervezas por seis euros y la gente superjoven no lo duda”. Aquí se dan dos problemáticas, la del ruido, y también la de menores alcoholizados, pero Pandiella denuncia que en ninguno de los dos casos, se actúa: “Ni la Xunta, nos las ordenanzas municipales sirven para nada. Aquí no aparece nadie, solo por el día se ve a algún poli en bicicleta multando”. 
De noche, afirma que es igual que los telefonees y por escrito no consiguen nada: “Llevo doce denuncias”. Indica que el presidente de la comunidad tuvo contacto con el Ayuntamiento, pero “no han llegado a nada”. Ellos solicitan que se declare zona especial de protección acústica como el Orzán y Durán Loriga. Mientras, dicen vivir en la jungla. l

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