Reportaje | Un simulador de vuelo de los 80 se coloca en la pole position

La pieza despierta la curiosidad de las nuevas generaciones | javier alborés

Nada más poner un pie en el Muncyt, el visitante se encuentra de frente con la última adquisición del museo, donada por Aeroflote del Noroeste. Se trata de un simulador que muchos pilotos de los que sobrevuelan

Nada más poner un pie en el Muncyt, el visitante se encuentra de frente con la última adquisición del museo, donada por Aeroflote del Noroeste. Se trata de un simulador que muchos pilotos de los que sobrevuelan hoy el espectro aéreo usaron para entrenar.
Con él se iniciaron en eso de manejar pájaros de metal, sobre todo, interpretando suposiciones: “Podían parar el avión imaginado y orientarse”, volar sin volar a ciegas, algo importante para coger callo. Y no colocarse en la cabina con cero experiencia. Así es que el fichaje fue presentado por la directora del Muncyt, Marián del Egido y por Borja Fernández y David Fernández, gerente y responsable de Aeroflota del Noroeste que pensó que el centro era un buen lugar para preservar la memoria de la aviación.
Contaba uno de ellos que los de ahora nada tienen que ver con esta pantalla de mandos analógicos y palancas. Por eso, uno lo ve y se remonta a una época pasada. Ocupa el espacio “Nuestro Donantes” como representante ochentero, sintético y fabricado para simular vuelos instrumentales. Cuentan desde el edificio Prisma que aunque es de apariencia sobria, cumplía su objetivo con creces. Controlándolo, los pilotos pasaban la primera fase del entreno.
Aparatos así hacían rodar a los novatos en la difícil tarea de sacar adelante un vuelo sin visibilidad. De ahí que fueran un elemento fijo en los grandes centros de formación, tanto civiles como militares. De nombre ATC, la máquina sigue vigente hoy en día en bastantes escuelas. En concreto, Aeroflota del Noroeste (AFN) trabaja con profesionales de líneas aéreas de Galicia. Es uno de los pocos a nivel nacional con más de 20 años de trayectoria.
“Nuestros donantes”
El museo le reserva espacio a “Nuestros donantes” en el mismo hall como una especie de altar donde se erigen los regalos de personas e instituciones que, de forma altruista, incrementan el patrimonio histórico que encierra este bloque con forma de árbol. Es un homenaje a los que hacen posible que la colección aumente. Para inaugurar esta oferta expositiva se presentaron en diciembre de 2016 las piezas del laboratorio del investigador Fermín Navarrina, donadas por su familia y en junio de 2017, la Federación de Asociacións de Persoas Xordas de Galicia (Faxpg) aportó a los fondos tres teléfonos adaptados. l