viernes 20.09.2019

Reportaje | Repsol trabaja para reanimar el corazón de la central de conversión ubicada en Nostián

La refinería vive una de las paradas más grandes de los últimos años por tareas de mantenimiento e incorporación de tecnología

Reportaje | Repsol trabaja para reanimar el corazón de la central de conversión ubicada en Nostián

La refinería es una pero tiene dos corazones y cientos de personas trabajan desde finales de abril para reanimar el de la zona de Nostián, que entró en parada para acometer tareas de mantenimiento y reformas en el área de conversión. Una de las cuestiones en las que más cuidado se está teniendo es en la seguridad laboral, que obsesiona a la hora de dejar unas instalaciones en las que cada vez sea más fácil trabajar. La compañía Repsol también ha aprovechado para cambiar una buena parte de los paneles de la sala de control, que arrojan gráficos más novedosos.


Aunque uno de los puntos clave de la refinería de Repsol esté parado la suerte es que en este caso está claro que a mediados de junio todo volverá a funcionar como un perfecto engranaje, para lo que el primer paso será encender la antorcha. Este elemento tan identificable del complejo industrial –que tiene dos, uno en cada zona, y que no hay que confundir con las omnipresentes chimeneas– será el primero en encenderse para, inmediatamente después, arrancar de forma escalonada el resto de unidades.

Reconstrucción terrestre
De hecho, esta antorcha también ha sufrido un lavado de cara y si antaño se subía a los operarios para cambiar el quemador y encargarse de otras actuaciones en una especie de cesta, el gerente de Conversión 2, Antonio Sanz, cuenta que en esta ocasión “se cortó la antorcha, se hicieron las reparaciones y soldaduras en el suelo para reconstruirla y se volvió a colocar”.


Pese a ser una especie de faro por el que se mueve todo lo demás, en esta parada estas actuaciones no han sido las más especiales. En una acción en la que se han frenado 19 unidades, la unidad de coque de carbón es la que ha experimentado un lavado de cara mayor.

Esa zona que convierte hidrocarburos pesados en “combustibles ligeros” para el reaprovechamiento de todos los productos que pasan por la planta tiene “dos cámaras de 30 metros de altura por siete de diámetro en las que ha habido que sustituir algunas secciones, que se llaman virolas, y colocar otras”.

Una ciudad de obra
La maniobra ha llevado una semana en la que ha sido complejo ir almacenando unas y otras piezas debido a que en la explanada cercana a las torretas de tratamiento del coque se ha construido una ciudad de casetas de obra que impresiona con solo un vistazo. Sanz aclara que, además, en estas semanas se está aprovechando para “inspeccionar todas las líneas y recipientes para ver si están en disposición de aguantar otros cinco o seis años que es cuando se hacen las paradas”.


Todo ello está supervisado por un inmenso equipo de seguridad laboral. Cada día sobre las 11.30 horas el grupo de coordinación de seguridad de Repsol, comandado por Iratxe Varela, tiene un encuentro de trabajo con los responsables de esta área de cada una de las empresas contratadas, que son más de 40. Allí hablan de cómo van los trabajos y de qué se puede mejorar para garantizar que los operarios estén actuando en las mejores condiciones.

Seguridad al máximo nivel
“Para estas actuaciones elaboramos un manual de parada y evaluamos riesgos, indicamos protocolos específicos, analizamos los detalles más minuciosos...”, enumera Varela. Por eso no es de extrañar que, aunque la actuación se prolongue unos 45 días, los preparativos para garantizar el bienestar y dar “más de 10.000 horas de formación” lleven un año.


Se mide todo y, por si acaso quedan dudas, todos los responsables de seguridad laboral se reparten cada mañana por el área de trabajo para recordar a los trabajadores (sean o no de su misma empresa) las pautas a seguir antes de comenzar con la faena del día. Esta es seguida de cerca por la plantilla de Repsol que trabaja en la sala de control de Nostián.


Y ello a pesar de que este tiempo de bajada del ritmo haya servido, según cuenta la técnico de optimización y control Iria Colino, para renovar algunas “consolas desde las que se operan todas las unidades de forma remota”.


Parecía que por este espacio “bunkerizado” no había pasado el tiempo pero lo cierto es que ahora ya conviven pequeños monitores con grandes pantallas y luces que indican si algo funciona de manera inadecuada. La renovación ha implicado también “un diseño nuevo del hardware, los gráficos...” y otros parámetros que se vigilan las 24 horas del día.

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