miércoles 21/10/20

Reportaje | La música convierte el mal tiempo en un día “dorado”

A Keila, la emoción no le cabía en el cuerpo y minutos antes de que la funcionaria del IMCE abriera la taquilla, daba golpecitos con los pies y se reía sin parar. Llevaba despierta desde las ocho de la mañana para conseguir dos entradas

La pequeña Keila fue la primera en guardar cola en el quiosco de la plaza de Ourense  | pedro puig
La pequeña Keila fue la primera en guardar cola en el quiosco de la plaza de Ourense | pedro puig

A Keila, la emoción no le cabía en el cuerpo y minutos antes de que la funcionaria del IMCE abriera la taquilla, daba golpecitos con los pies y se reía sin parar. Llevaba despierta desde las ocho de la mañana para conseguir dos entradas al universo latino que Shakira desplegará en el Coliseo el 23 de noviembre dentro de la gira “El dorado”. Eran las diez menos cuarto y los seguidores de la colombiana se guarecían de la lluvia bajo el techo del quiosco de la plaza de Ourense.


Las inclemencias meteorológicas no eran impedimento para conseguir los tickets que se ponían ayer a la venta de forma física.


Así es que la cola se nutrió de fans y no tan fans, padres o novios de fans, que por trabajo no podían guardar fila india como Germán: “Me dijeron que las cogiera hoy sin falta”. María José le hizo el mismo favor a su pequeña con ganas de balancear la cadera.


Un poco más atrás, María y Laura, madre e hija, compartieron juntas la espera por un pase que les llevará a bailar “Me enamoré”. Entre el tumulto, Bea y Fani recordaban cómo se engancharon a la música de la de Barranquilla. Tenían tan solo 14 años y acudían a las sesiones de tarde de Oh Coruña!, donde gastaron pista con aquella de “Ciega, sordomuda” y “Estoy aquí”.


Después le siguieron otros hits hasta su etapa más actual, que a Bea no le convence demasiado: “Hay mucho Piqué, a mí me gustaba más al principio, a Piqué que lo quiera, pero en casa”. Aún así, no dudó en acudir con su amiga a rebobinar la cinta en directo de la cantante a la que siguen desde la adolescencia y a la que Bea no pudo ver en 2003 con las entradas ya compradas: “Se me puso la baby mala y me tuve que quedar en casa”.


Antes de que desde la taquilla empezaran a despachar pases para la que canta “Chantaje”, los primeros en la cola despejaban dudas con la empleada, al tiempo que la pequeña Keila, con tan solo ocho primaveras en su DNI, decía que su preferida era la de “Waka, waka” y que la entrada que estaba a punto de tocar con las manos era su regalo de cumpleaños: “Me encanta cómo baila. Es super guapa y amable”, a lo que el padre le preguntó: “¿Y cómo sabes que es amable, la trataste?”.


No le hizo falta. Ella se fue pensando en “La bicicleta” y en que la vería en directo de la mano de su madre. La música tiene estas cosas y la jornada terminó con más de la mitad del aforo vendido.

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