viernes 23/10/20

Reportaje | La marihuana echa raíces tanto en la leira gallega como en la huerta urbana

La semana pasada, la Policía Nacional detuvo a una pareja que había construido una auténtica plantación de marihuana en su piso de San Pedro de Visma: hasta 149 plantas contabilizaron los agentes

La semana pasada, la Policía Nacional detuvo a una pareja que había construido una auténtica plantación de marihuana en su piso de San Pedro de Visma: hasta 149 plantas contabilizaron los agentes, así como pequeñas cantidades de otras drogas (cocaína y metanfetamina), así como otros artículos, incluida una báscula de precisión. “No es que fueran muchas, pero lo de la báscula apunta a tráfico de drogas”, señala un experto en la lucha contra el narcotráfico.

En un momento en el que las huertas urbanas están de moda, hay que recordar que ya hace tiempo que cultivar marihuana se ha convertido en un hábito tan arraigado como fumarla. Los cultivos en el casco urbano son más difíciles de localizar, pero tanto en la ciudad como en el área metropolitana es habitual encontrar alguien que ha plantado algunas macetas la planta de la risa o que ha escogido algún bosque de eucaliptos cercano en su casa donde sembrar las semillas de un futuro colocón.
Las autoridades rara vez persiguen esta práctica. En primer lugar, porque ni la Guardia Civil ni la Policía Nacional están sobrados de recursos como para malgastarlos en lo que no pasa de ser una infracción leve. Desde el Instituto Armado señalan que “lo que se castiga es el tráfico de drogas, entendiendo que dentro de este queda englobado el cultivo o posesión de la droga, cuando por su cantidad, útiles u otras circunstancias de la aprehensión se pueda establecer que la posesión de la droga está destina al tráfico ilícito y no al mero autoconsumo”. Así que, sobre todo, el cultivo a pequeña escala sirve para enriquecer el anecdotario gallego más allá del jabalí devorador de maíz. “Me contaron la historia de alguien que había plantado sus propias plantas y que se las comieron sus caballos. Iban por ahí todos colocados”, recuerda un agente. Por eso no es raro que alguien que pasea por una zona de monte, por ejemplo, A Zapateira, se encuentre de repente con unas plantas sospechosas.

Rara vez es una gran plantacion. “Eso pasa muy a menudo en Almería, donde las cultivan en invernaderos, con los tomates”, explica. En el área coruñesa, mucho menos: normalmente encuentran menos de media docena de pequeñas plantaciones, muchas veces aprovechando la cobertura de otro tipo de vegetación, y siempre en zonas aisladas.

Fuerte inversión
Otro asunto muy distinto es cuando se habla de plantaciones rentables, de en torno a 500 ejemplares. “Eso ya es para traficar, no el tipo que se ha sacado 700 gramos con unas plantas y vende 500”, opina el experto. Pero montar una plantación así, sobre todo en una ciudad como A Coruña, requiere una fuerte inversión: no solo en las mismas plantas, sino en lámparas de infrarrojos para producir calor o extractores para el olor, puesto que el de la marihuana es muy distintivo, y puede alertar a los vecinos.
La mayoría de los que deciden dar el salto son jóvenes sin antecedentes penales que tienen que afrontar una inversión inicial elevada, lo que constituye un factor disuasorio. “Pero no se trata solo de cultivarla, también hay que distribuirla”, advierte el experto. Ser emprendedor nunca es fácil, pero ser un traficante ecológicamente sostenible, aún menos.

Comentarios