domingo 20/9/20

Reportaje | La marca “Cabana” cambia grúas por pequeñas cosas

Óscar Cabana aparca las grúas y las arquitecturas de su ciudad por un tiempo. En estos tres años en los que el hogar es su feudo –ha sido padre– le sirvieron para atrincherarse entre objetos que hoy son sus aliados. 

La muestra se puede ver hasta el 30 de junio en el local de Novoa Santos | ánxela trillo
La muestra se puede ver hasta el 30 de junio en el local de Novoa Santos | ánxela trillo

Óscar Cabana aparca las grúas y las arquitecturas de su ciudad por un tiempo. En estos tres años en los que el hogar es su feudo –ha sido padre– le sirvieron para atrincherarse entre objetos que hoy son sus aliados. 
Y lo que pensó que quedaría en un proyecto aislado en medio del asfalto y los edificios en blanco y negro, es la continuidad lógica de un pincel, que no hace otra cosa que ser sincero. 
El centro de arte Atlántica presentó ayer sus últimos tres años, resumidos en parcelas de 50 por 50 centímetros en los que las pequeñas cosas se hacen grandes. En blanco y negro, que no deja de ser la base, y con el toque rojo que caracteriza a su pintura. Incluso mete amarillo y verde porque el cuerpo se lo pide y el resultado es una etapa de su vida en la que camina con mimo y cuidado. Así que el creador cuenta que la misma actitud que tiene con sus niños es la que le lleva a tratar de otro modo sus piezas: “Tengo miedo e ilusión al mismo tiempo” y aunque es consciente de que “me identifican por las calles”, su identidad no se pierde entre las cosas. 

Más tiempo
En la exposición se pueden ver perchas o flores pensadas con más tiempo. En casa y alegre, Cabana hace un trabajo diferente, “fue como mirar hacia mí mismo” y lo que puebla a su alrededor. Aquí están los rotuladores, las espátulas, los cepillos de dientes o martillos, botes, potas y frascos de mermelada. Cuenta Óscar que con los objetos, también cambian las dimensiones. 
Los cuadros encogen con respecto a los anteriores: “Solía usar formatos de dos metros”.  y sobre leiras de 50 por 50, se pasa horas “haciendo las cosas con cuidado, con el pincelito”. 
Y es que la vida le pide otro tempo y él se lo da: “Antes los cuadros eran como más espontáneos e inacabados”, y esto “es también lo que me está pasando en lo personal”. Aún así, la marca Cabana sigue estando ahí. No se fue. Es el fondo en blanco y negro “y creo que la gente lo verá”. 
Después de doce años retratando la ciudad a su manera desde la primera exposición en 2005, Cabana le da un empujón a su marca y esta le regala a la mirada presencias que hasta ahora pasaban inadvertidas: “Era necesario un cambio, es algo que no hice nunca”.
De todas formas, añade que su naturaleza de arquitecto le pide contexto porque si pinta un grifo, la cabeza le lleva a imaginar la pared donde se sustenta y esos interiores los tiene pensado pintar en una próxima. Pero eso ya es otra historia. Mientras y hasta el 30 de junio, las cosas gritan. l

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