jueves 3/12/20

Reportaje | La lección sobre derechos que lucha por impartir una madre

Para Maite Veiro, la Administración pública está poniendo en riesgo el futuro de su hijo Martín al no proporcionarle la formación que necesita para ser independiente en el futuro: “¿De qué va a vivir? ¿De una pensión? No: tiene dos manos, como todo el mundo

María Teresa Veiro, ante el Urbano Lugrís, donde su hijo cursa una FP de Hostelería | patricia g. fraga
María Teresa Veiro, ante el Urbano Lugrís, donde su hijo cursa una FP de Hostelería | patricia g. fraga

Para Maite Veiro, la Administración pública está poniendo en riesgo el futuro de su hijo Martín al no proporcionarle la formación que necesita para ser independiente en el futuro: “¿De qué va a vivir? ¿De una pensión? No: tiene dos manos, como todo el mundo, y está capacitado para hacer muchas cosas”, señala esta madre. Pero para hacerlo, “Necesita formación, como todo el mundo. Son derechos que tiene adquiridos”. El adolescente, de 17 años, está realizando una FP Básica dentro de la rama de hostelería y turismo en el CEIP Paseo de los Puentes y el IES Urbano Lugrís. .

Aún así, Martín no es como los demás: sufre una discapacidad el 81%. “Le faltó oxígeno al nacer. Pero la discapacidad le afecta a la expresión y comprensión del lenguaje, no a la movilidad. Tiene autonomía”, explica. Nada más comenzar el curso intervino un equipo específico de la Consellería de Educación para dotar a Martín de todo el apoyo que necesitaría y Veiro pensaba que todo estaba buen encamino. Sin embargo, nada ocurrió: no se le entregó material específico ni agendas comunicativas, ni una conexión entre el profesorado y los profesionales que trabajan con Martín fuera del horario escolar. “Nada se ha hecho”, asegura.

Abandonado ante el ordenador
Es más: Veiro asegura que su hijo está siendo discriminado por en el centro Urbano Lugrís, que es donde recibe la formación teórica, y que pasa la mayor parte del horario lectivo en la clase de los ordenadores, navegando por internet. “Como no sigue las clases y el material que tiene no es el más adecuado, lo tienen allí y punto pelota”, afirma la preocupada madre, que asegura que está muy poco tiempo en el aula del Lugrís, a donde acude los martes y jueves. En cambio, en el centro del Paseo de los Puentes recibe la formación práctica y no tiene este problema. Son centros de integración, con plazas para alumnado con necesidades educativas.

Esta misma semana, afirma Veiro, tuvo lugar un incidente que revela, en su opinión, hasta qué punto su hijo está siendo ignorado por los responsables del Urbano Lugrís. Ella había acudido a recogerlo, pasadas las dos de la tarde y una de las bedeles fue a buscarlo. Le dijo que no había tenido clase a última hora y que no había dejado que la llamara. “Lo que tienen que hacer es llamarme, y lo mando a buscar yo o algún familiar. Que haya pedido llamar a su madre y no le hayan dejado no me parece de recibo”, protesta la indignada madre.

Hasta el final
“Los meses han pasado. El curso se ha perdido. Desastre académico total”, se lamenta la madre. Ella afirma que llamó hace unas semanas “infinitas veces” por teléfono y alguien (no sabe quién) le dijo que no estaba resuelto. Pero el caso es que no se hizo nada, y Veiro está dispuesta a llegar hasta el final. “Si no está resuelto. Malo, y si lo está, y ocultan la información, peor. Tengo unos derechos y voy a pelear por ellos”, afirma. No es la primera vez que Veiro entabla una batalla contra la Administración pública. Desde 2004, cuando su hijo contaba con cuatro años, solicitó un apoyo especial a la Xunta dentro del aula para que pudiera avanzar al mismo ritmo que el resto de sus compañeros; pasó años reclamando para su hijo el apoyo académico que, según los orientadores del propio colegio en el que cursaba estudios, el Hogar de Santa Margarita, necesitaba.

“Nunca tuvo ningún tipo de ayuda. Los avances de Martín se deben a las modestas ayudas que le he podido proporcionar desde fuera”, reprocha. Actualmente cuenta con personal de apoyo y quieren que colabore con el profesorado del centro. Pero, a estas alturas, Veiro está convencida de que su hijo tendrá que repetir el curso: “Repetiremos primero, pero no en esta situación. Si tengo que llegar a los tribunales, me da exactamente lo mismo”.

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