viernes 4/12/20

Reportaje | Cientos de vecinos celebran con mucho ocio sus bodas de oro con el Barrio de Las Flores

Las Flores llevan creciendo 50 años porque los vecinos las han regado con amor por la zona y respecto antes de alcanzar sus bodas de oro. Ayer, cuando tocaba festejar este peculiar aniversario con el barrio

Las Flores llevan creciendo 50 años porque los vecinos las han regado con amor por la zona y respecto antes de alcanzar sus bodas de oro. Ayer, cuando tocaba festejar este peculiar aniversario con el barrio, cientos de residentes bajaron a la calle para demostrar que con el lugar donde viven llegarían, incluso, a las bodas de diamante o de platino.
El ambiente fue creciendo a medida que avanzaba la mañana porque había que darle descanso al cuerpo tras un intenso sábado de conciertos. Más tarde o más temprano, casi todos se fueron animando a disfrutar del bautizado como Mercado das Flores y, por supuesto, de la Festa dos Callos que sabían mejor que nunca viendo el cariz que está tomando la climatología estos días.
Esta, que se puso algo traicionera por la tarde, no impidió que el público que acudió al parque central disfrutase con multitud de actividades preparadas por la organización de las fiestas. Los gaiteiros abrieron boca paseando por los rincones del vergel de A Coruña –¿dónde sino se iban a encontrar tantas variedades florales juntas?–, pero la gente se vino arriba cuando la música se puso más actual y los primeros atrevidos salieron a la pista a bailar zumba. Ni los más pequeños ni los mayores tuvieron vergüenza a la hora de mostrar sus dotes en la ciencia del meneo.
La mañana también dio para una exhibición de capoeira antes de que la orquesta Fama Band amenizara una sesión vermú “regada” con unos deliciosos callos. Por la tarde fue el momento de disfrutar con los talleres medioambientales y el conjunto musical se reservó para un nuevo pase nocturno, que al cierre de esta edición seguía programado a pesar de la mala previsión meteorológica para la noche coruñesa.
Amateur y profesional
Sin duda otra de las claves del evento fue la feria, que resistió mientras la programación iba avanzando a su lado. En un lugar privilegiado, en medio de montículos de hierba y tierra, con los árboles como vecinos, se fueron colocando los puestos. Por un lado hubo algunos vecinos que montaron un improvisado stand para hacer un trueque en vivo y en directo sin necesidad de aplicaciones en el móvil.
En esa fiesta del vaciado de desvanes y trasteros se podían encontrar verdaderas joyas para los coleccionistas o los amantes de lo vintage, que hasta tuvieron la oportunidad de comprar ropa de épocas pasadas...
Quizá incluso del año en el que nacieron Las Flores. Algunos puestos parecían más profesionales ya que la gente sacó toda la artillería con colecciones de muñecos o de merchandising de distintas marcas. En el medio se entremezclaron algunas firmas coruñesas que están despuntando en el mundo de la artesanía de autor con bolsos o bisutería. l

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