miércoles 2/12/20

La refinería ocupa a 1.250 “contratistas” en el pico de más trabajo de la parada

Las 50 empresas contratistas que operan en la parada parcial de la refinería coruñesa en labores de mantenimiento, mejora y reparación están al máximo rendimiento

Parte del personal de Atrian quiso posar en una foto de familia antes de regresar al trabajo de mejora de la conexión de las tuberías	patricia g. fraga
Parte del personal de Atrian quiso posar en una foto de familia antes de regresar al trabajo de mejora de la conexión de las tuberías patricia g. fraga

Las 50 empresas contratistas que operan en la parada parcial de la refinería coruñesa en labores de mantenimiento, mejora y reparación están al máximo rendimiento. Desde Repsol aseguran que estos días se alcanzan los picos de mayor volumen de trabajo, con un total de 1.250 empleados “contratistas” en la zona de Nostián de la planta. Se estima que en cuestión de pocos días irá bajando el número de operarios para terminar de forma paulatina las obras, que se alargarán hasta mediados de enero.
Este parón de mantenimiento, que cuesta a Repsol 38 millones de euros y supone el mayor de la historia de las instalaciones, modifica desde el pasado 22 de noviembre el paisaje de casi la mitad del espacio. Sin embargo, no ocurre así con las cuentas de la multinacional.
Según fuentes de la misma, se “baja la producción pero no conlleva problemas de suministro debido a que hay una planificación de antemano y, además, las refinerías de Repsol trabajan como una sola”. De esta manera, aunque la operatividad se resienta en una por unos días, otra estaría en disposición de asumir su lugar. Mientras, la plantilla real de la refinería adscrita a las zonas sin actividad sigue ahí, colaborando en las necesidades del proyecto.
Al margen del puro negocio, cuentan que la anterior parada de la zona de Nostián fue en 2008 y hasta ahora era la más grande de la historia del complejo. Pero el mar de buzos y gorros que recorren estos días las calles y se suben a los andamiajes en los hornos de vacío o de coque o pululan entre las tuberías cargados de herramientas y sopletes han dejado atrás lo logrado hace tan solo cinco años. En Bens, el último mantenimiento general tocó en 2012.
Nada es ya comparable a un proceso que se alargará hasta enero y que, además de las reparaciones, se centra en renovar los sistemas informáticos y “mejorar la eficiencia energética de la central para reducir las emisiones de dióxido de carbono”.
Los operarios, que en los últimos días están superando con creces el millar –aunque por las noches se queden tan solo retenes de “160 a 180 personas” para evitar que los cometidos molesten en el entorno y los fines de semana baje el ritmo porque la presencia de empleados cae en un 40%–, van camino de las 376.000 horas por persona que había estimado el equipo y de alcanzar todas esas metas.

una labor coordinada
Ayer era difícil ver a alguien sin quehacer porque en la parada hay de todo menos quietud, aunque a media mañana la lluvia comenzase a arreciar. El personal de Repsol se confundía con el del medio centenar de firmas contratistas mientras revisaban distintos elementos o montaban la nueva conexión que llevará una de las calles de tuberías.
Eso sí, hay un truco para que los jefes distingan a los suyos: los gorros de seguridad de Repsol son blancos y los de cada firma son de tonos distintos, salvo los de los electricistas que son iguales entre sí y diferentes a todos los demás. Más allá del truco, hay un arduo trabajo de coordinación. Así lo explica el delegado de Atrian en Galicia, Alberto Lage, que es uno de los directores de la orquesta metalúrgica que a más músicos debe controlar.
“La coordinación la hace Repsol pero también nos piden que tratemos de hacerlo entre nosotros. Hay 50 contratas pero no todas trabajamos en todas las unidades que están paradas ahora mismo ni lo hacemos a la vez”, asegura. Y cuando toca compartir espacio se reúnen para priorizar unos encargos sobre otros.
Ante las dudas que puedan surgir sobre las paradas Lage es muy gráfico para explicar la situación. “Es como cuando un coche tiene que pasar la revisión: hay que parar el motor. Aquí es igual, se para el motor, lo abres, miras lo que está averiado, lo reparas en el mínimo tiempo posible y lo vuelves a arrancar”, cuenta.
La gran “complejidad” de estos procesos, de los que no se puede escapar al menos cada cuatro años –se hacen paradas de unidades más pequeñas a lo largo de cada anualidad– “es que no sabes exactamente el alcance de lo que te vas a encontrar”. Si bien es cierto que normalmente cuentan con una guía de aquello a mejorar, reparar o actualizar, la realidad puede ser peor o mejor.

el rescate y otras ayudas
Sea como fuere, para asegurar el bienestar de los trabajadores y que todos los descubrimientos de las averías se hagan de forma correcta existe un grupo de rescate. De momento no se ha producido ningún percance, por lo que también se ocupa de “hacer inspecciones previas, preparar accesos seguros y realizar líneas de prevención”.
La marabunta que puebla en las últimas semanas las calles llenas de andamios y casetas de obra se completa con “entre 15 y 18” concesionarias más, estas dedicadas a dar servicio a las de la obra pues, según la propietaria de la instalación, se ocupan de “la vigilancia, la limpieza, el tratamiento de residuos...”. 

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