viernes 18.10.2019

Los radares móviles multan más que los fijos en los accesos a la ciudad

La Guardia Civil controla la N-550 con dos de estos sensores que multaron 875 veces de enero a junio
Un agente de la Guardia Civil controla la avenida de A Pasaxe con uno de los nuevos radares portátiles | quintana
Un agente de la Guardia Civil controla la avenida de A Pasaxe con uno de los nuevos radares portátiles | quintana

Uno de los principales incentivos que tiene el conductor para moderar la velocidad es la amenazante presencia de los radares. Esos silenciosos y permanentes custodios de la seguridad se suelen colocar en los accesos de la ciudad. Muchos son fijos, pero a estos se les añaden dos móviles que patrullan a lo largo de la N-550 en manos de la Agrupación de la Guardia Civil de Tráfico y que impusieron 875 multas en los primeros seis meses de este año. Este dato los sitúa entre los diez  radares más sancionadores de la provincia, por encima incluso del que se encuentra en sentido entrada en Alfonso Molina, a la altura de Palavea.  

De hecho, en los primeros seis meses de este año el radar de Alfonso Molina solo tramitó 392 sanciones, una cantidad ínfima si se la compara con los 2.013 del mismo período del año anterior o de los 3.627 de los primeros seis meses de 2017. Este brusco descenso puede deberse a un mejor comportamiento de los conductores, que ya saben donde está el radar y han aprendido a moderar la velocidad, o a periodos de desconexiones del sensor. 

A pesar de eso, desde la asociación Automovilistas Europeos Asociados (AEA), señalan que todavía la Dirección General de Tráfico (DGT) mantiene una política fundamentalmente recaudatoria en lo que se refiere a decidir la ubicación de los radares. “Está comprobado que la mayor parte de los accidentes se dan en carreteras convencionales pero se siguen instalando en autovías”, denuncia Mario Arnaldo, presidente de AEA. 

Ritmo ascendente 
Los radares fijos siempre han sancionado más que los portátiles, por razones evidentes, puesto que pueden operar las 24 horas sin necesidad de guardias civiles. Pero este tipo de sensores han reducido su actividad en los últimos tres años, mientras que los móviles no han dejado de crecer. Comenzaron con cifras muy bajas (en 2017 los dos radares sumaban 192 sanciones en los primeros seis meses de 2017). Este año, solo uno de ellos emitió 491 sanciones en los seis primeros meses, más que el fijo de la AC-11, que solo impuso 392 infracciones en ese periodo de tiempo.

La DGT potenció el año pasado el uso de estos radares adquiriendo unos modelos más pequeños, que pueden ser transportados por motoristas. Dos de estos aparatos fueron entregados al destacamento de la Agrupación de la Guardia Civil de Tráfico de Perillo, que tiene bajo su responsabilidad toda el área metropolitana. El nuevo modelo es mucho más difícil de localizar por los conductores, que no tendrán tiempo de reaccionar y moderar la velocidad para evitar ser cazados.

Comentarios