viernes 23/10/20

La prisión de Teixeiro acoge a uno de los presos más peligrosos de España

Desde que llegó al centro penitenciario de Teixeiro, hace más de dos meses, Fabrizio Joao Silva Ribeiro se ha comportado como un preso modelo, pero se trata de uno de los internos más peligrosos del sistema penitenciario

Desde que llegó al centro penitenciario de Teixeiro, hace más de dos meses, Fabrizio Joao Silva Ribeiro se ha comportado como un preso modelo, pero se trata de uno de los internos más peligrosos del sistema penitenciario español, responsable de haber matado a otro interno en otra prisión y de haber propinado una paliza a cinco funcionarios (a la vez) en un tercer centro. Los vigilantes de Teixeiro solo esperan el próximo estallido de violencia.
Silva, de origen guineano, mide más de metro ochenta y pesa más de cien kilos. Tiene 33 años. Ingresó en prisión en 2004 después de matar a su novia en Bilbao: la acuchilló hasta 25 veces, lo que le valió una condena de 20 años, a lo uque sumó otros 17 por la muerte del otro preso. No es la primera vez que visita Teixeiro, así que los vigilantes saben de lo que es capaz. “Dejó a varios compañeros bastante tocados”, señala Pedro Vázquez, delegado del sindicato Acaip.
Eso ocurrió en julio, en la prisión Puerto III, en Cádiz. Cinco funcionarios estaban revisando su celda, en busca de armas artesanales (conocidas como “pinchos”) cuando sacó un trozo de metal afilado como una navaja y se enzarzó en una pelea brutal. Se deshizo de los cinco hombres y salió al pasillo, donde acabó atrapado entre los barrotes de un control de seguridad.

aislado
En Teixeiro están al tanto de la historia y nadie se fía de él lo suficiente como para ponerse a su alcance, así que Silva no tiene contacto con ningún ser humano en la cárcel. Ni siquiera con otros presos. Pasa la mayor parte del tiempo en una celda de seguridad, donde come y se ducha. Diariamente sale al patio, en un horario diferente al resto. “Al resto de los internos los cacheamos antes de hacerlos salir, pero a éste no: pasa por un arco de metales”, asegura Vázquez, para el que toda precaución es poca tratándose de un individuo como este.
A pesar de todas estas precauciones, los funcionarios de prisión saben que es cuestión de tiempo que el guineano estalle: “Hará cualquier cosa. si no puede matar a nadie, le prenderá fuego a su celda, o lo que sea”. Y entonces le trasladarán de nuevo, y será problema de los funcionarios de otra prisión.

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