viernes 20.09.2019

La Policía detiene a seis miembros de una red internacional de prostitución

La organización captaba a mujeres en Nigeria y las explotaba en A Coruña, así como en Madrid y Toledo
La sede de Extranjería se halla en la Subdelegación del Gobierno | PEDRO PUIG
La sede de Extranjería se halla en la Subdelegación del Gobierno | PEDRO PUIG

La Brigada de Extranjería de la Policía Nacional desarticuló una organización criminal nigeriana dedicada a la explotación sexual que operaba en Barcelona y Toledo pero sobre todo en A Coruña. Fue aquí donde fueron detenidos seis miembros de la trama, a los que se suman dos en Barcelona y uno solo en la ciudad del Tajo. La investigación apunta a una organización muy elaborada, que blanqueaba sus ingresos comprando coches antiguos y llevándolos a Nigeria.

La investigación se inició cuando una víctima denunció su situación ante la Policía Nacional. Había sido captada en su país natal y los investigados utilizaban la llamada “ruta nigeriana” (Níger, Argelia, Libia e Italia) para trasladar a las víctimas. Una vez en Italia, viajaban vía marítima de Nápoles a Barcelona y, desde allí, hasta Madrid para ser finalmente trasladadas a Toledo y A Coruña, donde eran explotadas. La víctima manifestó que, durante este trayecto, fue violada en múltiples ocasiones y obligada a tener relaciones sexuales. En Madrid ejercía la prostitución en la calle; en A Coruña y Toledo lo hacía en clubes de alterne, en concepto de “cuotas” con las que saldar la deuda de 25.000 euros que había contraído con la organización que las había traído.

Vehículos antiguos

La organización blanqueaba los ingresos de la prostitución adquiriendo vehículos antiguos en España. Posteriormente, los daban de baja en la Dirección General de Tráfico y los exportaban a Nigeria mediante un contenedor marítimo en el que también enviaban todo tipo de mercancía comprada en el mercado de segunda mano.

Los sospechosos que tenían autorización de residencia en España alquilaban las tarjetas a compatriotas en situación irregular, con los que guardaban parecido físico, tenían que firmar un contrato de trabajo. A cambio, pagaban una contraprestación y cuando el contrato finalizaba, el delincuente solicitaba el subsidio de desempleo, asegurando las renovaciones de la tarjeta de residencia.

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