domingo 20.10.2019

La plaza de María Pita pierde atractivo y deja terminal al comercio y la hostelería

La plaza de María Pita ya no es lo que era. Cada año que pasa su esplendor decae y, con un ritmo lento pero seguro, muchos de sus locales comerciales pasan al banco de los inmuebles disponibles. Los empresarios que resisten lo hacen a duras penas y de ello dan fe las asociaciones de comerciantes del entorno y la agrupación de hosteleros.

Los consumidores ni siquiera acuden a las cafeterías cuando el tiempo acompaña	javier alborés
Los consumidores ni siquiera acuden a las cafeterías cuando el tiempo acompaña javier alborés

La plaza de María Pita ya no es lo que era. Cada año que pasa su esplendor decae y, con un ritmo lento pero seguro, muchos de sus locales comerciales pasan al banco de los inmuebles disponibles. Los empresarios que resisten lo hacen a duras penas y de ello dan fe las asociaciones de comerciantes del entorno y la agrupación de hosteleros. El consumo en esta frontera natural entre la zona Obelisco y la Ciudad Vieja tan solo repunta en verano, con los conciertos de las fiestas, pero el traslado de servicios municipales a lo largo de los años y la más reciente apertura de numerosos locales en La Marina ha acabado por robarle todo el protagonismo.
María Pita vive en estado terminal. El otrora céntrico espacio, ahora solo lo es a nivel geográfico. “Algo hay que hacer porque se está muriendo”, comenta el presidente de la Asociación de Hostelería de A Coruña, Héctor Cañete. En su opinión los establecimientos ya no están tan concurridos porque la plaza “es muy fría”. 
“Entra un viento muy frío que tanto se nota en verano como en invierno y aquí la cultura europea de estar con una mantita no funciona”, destaca. Una de las ideas que se le pasa por la cabeza para recuperar la afluencia de público sería pensar en otro tipo de terrazas. 
Pero con las licencias pendientes en el resto de la ciudad y el consumo temblando se antoja muy difícil que los hosteleros afronten reformas. De hecho, Cañete recalca que si se llevase a cabo algún nuevo proyecto para modernizar la imagen de la plaza no deberían pagarlo los empresarios. No en vano hace unos diez años desembolsaron alrededor de 120.000 euros para pagar cada una de las pérgolas y, según el representante, muchos locales no han llegado a compensar esa inversión. 

no es lugar de paso
Es más, difícil lo tienen cuando las tasas municipales para estos toldos cubiertos, que tienen ordenanza propia, cuestan más de 3.000 euros al año. Así “todo se va muriendo”. Los comercios son menos en el espacio público pero también los hay. 
En los últimos años algunos fueron cerrando porque, según el sector, los arrendadores subieron los alquileres en vez de ir acorde a los tiempos y a la falta de compradores. 
“No es un lugar de paso porque no hay vecinos y tiene rachas importantes con actuaciones y eventos pero también muchos días duros”, intenta justificar el presidente de la Asociación Zona Comercial Obelisco, Antonio Amor, en relación a las horas bajas de los alrededores del Ayuntamiento. 
“Se está viviendo un cambio de ciclo como pasó en la calle Real donde llegó a haber 15 locales distintos y ahora apenas quedan”, comenta. 
Si bien es cierto que la ocupación de los bares, cafeterías y tiendas se viene resintiendo muchos meses –incluso años– Amor advierte de que parte de la culpa del último bajón la tiene el que ahora estén “de moda La Marina y O Parrote”, donde han proliferado  diversas propuestas. 
Hay quien reparte la responsabilidad con el movimiento de servicios municipales a otras partes de la ciudad, o incluso con la tramitación electrónica de algunas cuestiones, porque antes había que acudir a María Pita a todo y era un ir y venir de vecinos.
Desde la Asociación de Comerciantes de la Ciudad Vieja, su presidente Adolfo López sostiene que el retroceso de ingresos y clientes es común a todos en los últimos meses. Sin embargo, hace hincapié en que tanto la plaza como el casco antiguo están “semiaislados”. 
“Es complicado llegar y no hay donde aparcar por lo que hay que promover las tickets de parking gratuitos”, propone. López cree que se está gobernando de tal manera que la zona se convertirá en una zona “residencial” y piensa que todos los actores implicados deben sentarse a “planificar y pensar qué pasa con el centro porque vienen dos o tres años complicados”.

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