lunes 28/9/20

El pintor hiperrealista Urbano Lugrís Vadillo fallece en A Coruña a los 76 años

Urbano Lugrís Vadillo fallecía ayer a los 76 años en A Coruña. Hijo de Urbano Lugrís y nieto de Manuel Lugrís con un estilo diferente pero con toque surrealista como su padre

Lugrís Vadillo no dejó nunca de evocar en sus cuadros
Lugrís Vadillo no dejó nunca de evocar en sus cuadros

Urbano Lugrís Vadillo fallecía ayer a los 76 años en A Coruña. Hijo de Urbano Lugrís y nieto de Manuel Lugrís con un estilo diferente pero con toque surrealista como su padre, el pintor deja como legado una colección de lienzos donde cuenta el Atlántico a su manera, tal cual lo piensa. Así el océano es una mina de detalles que no se ven a primera vista. Cuentan los expertos que la pintura de Vadillo era para visualizar de continuo, descubriendo novedades en cada barrido. Sin ceñirse a la realidad porque Vadillo no describía lo que veía, sino lo que imaginaba. Parte de sus cuadros se pudieron ver no hace mucho en la galería Artby’s, que quiso juntar su producción con tres joyas del progenitor en una sala, la de San Andrés, que acotó el año pasado su patrimonio.
Allí se pudieron apreciar cerca de 30 cuadros pertenecientes a épocas diferentes como una forma de recorrer toda su trayectoria en formatos dispares, y todos con la condición de que quien los pintó era más que un artista. Era más bien un orfebre y creador minucioso, capaz de componer pequeños cuadros dentro de uno más grande.
Decían desde Artby’s que Vadillo tuvo una madurez pausada, en la que no dejó de evocar hasta el final para proponer viajes oníricos como su padre, pero de otra manera. Elaborados como si, en realidad, fuera una especie de miniaturista, sus parcelitas pedían realizar varias revisiones. Exigían lupa para agrandar las pequeñas cosas que Vadillo iba incorporando. En una forma de hacer que siempre sumaba porque cuando la mirada ya no esperaba, aparecía un elemento a destacar, en medio de horizontes donde A Coruña se repitió mucho.
El pintor nació en Vigo, donde residió hasta los ocho años. Su adolescencia transcurrió entre paisajes coruñeses y castellanos, la tierra de su madre que más tarde llevó a los cuadros. Por aquel entonces no pensaba en la pintura como medio para ganarse el pan e incluso llegó a estudiar alemán. Se hizo oficial de máquinas de la Marina Mercante, lo que le permitió navegar por mares de medio mundo.
Precisamente, en altamar fue donde volvió al dibujo que practicara hasta entonces en los márgenes de los libros de texto. En los años 60, su estilo cuajó y comenzaron los premios, lo que le motivó para continuar, aunque no abandonó su profesión hasta los 70, cuando decidió dedicarse por entero al lienzo. Desde entonces, su arte respiró aquí y en el extranjero. Rodeada de misterio como su personalidad.
Cuentan los que lo conocían que no se sabía si hablaba en serio o en broma. Usaba un lenguaje propio como cuando se ponía a pintar y salían formas fantasiosas. Rebozadas de hiperrealismo y surrealismo.

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