• Viernes, 19 de Octubre de 2018

La pequeña historia de las murallas de la ciudad

Las murallas de la ciudad comienzan a levantarse sobre el año 1218, cuando Alfonso IX el Sabio libra el Privilegio Real para que se repoblase la entonces villa.

La pequeña historia de las murallas de la ciudad

Las murallas de la ciudad comienzan a levantarse sobre el año 1218, cuando Alfonso IX el Sabio libra el Privilegio Real para que se repoblase la entonces villa de La Coruña, como resguardo de los enemigos de la Corona de Castilla. La construcción sigue el trazado del terreno, contando con 16 cubos y un saliente más pronunciado hacia el Puerto, donde hoy se encuentra el jardín de San Carlos.
Los avatares de los tiempos quisieron que las murallas se ampliasen más allá del espacio natural de la Ciudad Alta, debido a su intensa labor comercial. El Foro de Benavente por su parte impedía que se asentasen en esta ciudad los frailes de las diferentes órdenes religiosas, salvo los de Sobrado, por lo que, aquellos tenían que vivir y establecerse fuera. Esto hizo que franciscanos y dominicos levantasen sus conventos e iglesias al otro lado, donde también se ubicarían los hospitales.
En el siglo XVI, se propone fortificar la rada del Puerto, lo que convierte el Castillo de San Antón en la figura defensiva más destacada ante la posible entrada de enemigos de la corona. Con la invasión inglesa y los conventos reducidos a cenizas, se construye en el interior de la muralla y a raíz de este suceso se fueron expandiendo cada vez más.
Así es que cuando se habla de la concesión a La Coruña de la Casa de la Contratación de la Especiería en el siglo XVII, la muralla abarcaba hasta la Pescadería, con sus baluartes defensivos que bordeaban el acantilado de la costa, desde la Real Audiencia hasta los Pelamios.
En su trazado se llegaron a instalar varias puertas. Entre ellas la del Embarcadero, mandada construir en 1595 por don Diego das Mariñas, quien convierte a la plaza en un fuerte amurallado.
De este modo, la ciudad pudo agregar en su nobiliario el título de Llave, Fuerza, Guarda y Antemural del Reino de Galicia. La bajada por esta puerta se hace por una escalera labrada en la piedra de una roca, que ya existía cuando se construye la nueva del siglo XVI.
Por esta escalera descendió el rey Pedro I, en 1366, huyendo de la persecución de su hermano don Enrique. El monarca embarcó rumbo a Bayona (Francia) acompañado de sus tres hijas, Beatriz, Constanza e Isabel.

lista de reyes
Más tarde bajaría el rey Fernando I de Portugal, quien estaba en posesión de la plaza de La Coruña, para poner rumbo a Lisboa, huyendo de las iras del rey don Enrique. Por las mismas escaleras pasaría el rey Carlos I, en la primavera de 1520 en su vuelta a Alemania para ser coronado como Carlos V y su hijo Felipe II, en 1556 rumbo a tierras inglesas.
Esta se usaba para acceder por barca al Castillo de San Antón. Es entonces cuando se hace la muralla de O Parrote para prever las envestidas del mar por aquella zona, en la que se abrirían las puertas de O Parrote, por donde entraban los presos directos a la Cárcel Real por mar y la del Clavo.
Ambas se comunicaban en la bajamar con la hermosa playa del Parrote. Las murallas de la Ciudad Alta, en su tiempo estuvieron formadas por la Puerta Real ó Puerta de la Ciudad, a la que se bajaba desde la Iglesia de Santiago, donde se encontraba el baluarte de Santa Lucía y la contra-guardia del mismo nombre, que defendía los perímetros de las anteriores.
A continuación, la muralla con sus cubos corría hasta el Campo de la Estrada. La Puerta de Aires estaba situaba entre dos cubos de la muralla, donde se hallaba un foso que salvaba la entrada a la Puerta de Aires, así como el baluarte y contra-guardia de San Carlos.

baluarte de toledo
Mientras que el baluarte de Toledo en posición saliente era un punto defensivo del Campo de la Estrada, su contra-guardia tenía la misma función que el de Santa Lucía. Luego se encontraba el baluarte de San Vicente, cuya posición defensiva miraba al mar.
Una vez que se demolió en 1859, se extrajo de ella la imagen del Divino Rostro del Salvador para trasladarla a la parte superior y exterior de la puerta de la Insigne Colegiata de Santa María, donde se conserva.
Después estaba el baluarte de Santa Bárbara, que también miraba al mar y se ubicaba paralelamente a la Maestranza de Artillería. Por último, el baluarte de O Parrote se situaba antes de Puerta Real y en las inmediaciones de la Cárcel Real y de la Audiencia.
Este se quiso prolongar y ampliar en el siglo XVIII, pero no se llevó a efecto por cuestiones presupuestarias primero y de efectividad militar luego. Así es que lo que se empezó a cimentar entre 1727 y 1744, quedó sin acabar a consecuencia de que la nueva artillería hacía estragos en los muros.
En el siglo XVIII, se hizo preciso fortificar la Pescadería al completo, ya que la única zona que quedaba sin amurallar era la del Orzan. De ahí que se levante en aquel lugar la muralla del Caramanchón, que se uniría a la Puerta de la Torre de Arriba. La ciudad fue así aislada de un posible ataque enemigo.
En lo que hoy son los jardines de la Rosaleda, se encontraban las baterías de artillería, bajo la seguridad del Fuerte del Malvecín o de San Carlos, más tarde Batería de Salvas y la Puerta de la Torre de Abajo cerraba la entrada a la Pescadería, extendiéndose la muralla hasta el Arenal del Orzan