• Martes, 13 de Noviembre de 2018

El paso del tiempo y la falta de mantenimiento afean el aspecto de las farolas rojas de parte del Paseo Marítimo

Las farolas rojas que quedan en el Paseo Marítimo padecen una falta de mantenimiento que, sumada al paso del tiempo y a la climatología agresiva de la zona donde están ubicadas, hace que tanto los coruñeses como los turistas

El paso del tiempo y la falta de mantenimiento afean el aspecto de las farolas rojas de parte del Paseo Marítimo

Las farolas rojas que quedan en el Paseo Marítimo padecen una falta de mantenimiento que, sumada al paso del tiempo y a la climatología agresiva de la zona donde están ubicadas, hace que tanto los coruñeses como los turistas vean cada día más deteriorado este símbolo de la ciudad. Un recorrido por ese camino al borde del mar, en el tramo comprendido entre la torre de control y el edificio Mediodía, en Monte Alto, muestra como tras tantas décadas alumbrando las noches, las luminarias están oxidadas y acumulan suciedad y pintadas.
No están en el primer tramo del Paseo Marítimo que se inauguró –que el verano pasado cumplió 25 años– y, por lo tanto, no fueron las primeras en llegar al litoral de A Coruña, pero las farolas rojas de estilo modernista que alumbran una parte del recorrido soñado por el exalcalde Francisco Vázquez son uno de los elementos con los que más se identifica esta infraestructura, especialmente desde la desaparición del tranvía turístico hace unos nueve años.

Reclamo turístico
Incluso la página web del Consorcio de Turismo presume de este elemento útil y ornamental a la vez ante los potenciales viajeros, destacando su valor artístico. Pero los piropos no han servido para que se asegure su conservación frente a los envites de la meteorología o, simplemente, del paso del tiempo. Las farolas que todo coruñés tiene en mente lucen cada verano en peores condiciones, demostrando que no existe un mantenimiento real más allá de cambiar algunas de las luminarias, que el Oceanográfico y la escultura del reloj de pulsera (pasado el Acuario) se pueden encontrar postes con diversos grafitis, malas hierbas creciendo alrededor en la acera o, simplemente, con suciedad.
Hay puntos en los que los vándalos han atacado varios de los 1.200 esmaltes que en su día creó la artista Julia Ares pero quizá lo más evidente en casi todo el alumbrado es que el color rojo intenso que lo caracterizaba se ha ido perdiendo.
Los viandantes habituales del Paseo reconocen que necesita una mano de pintura para seguir protagonizando fotografías, sobre todo aquellas farolas a las que el óxido va ganando la partida. Y eso ocurre a pesar desde que en 2013 el plan de murallas requirió la retirada de un buen número y redujo la cantidad de mobiliario urbano sobre el que actuar.
Quizá una petición de los Presupuestos Participativos del año pasado, en la que se reclamaba la eliminación de estas figuras “horrorosas”, no tuviera votos suficientes para contar con una partida económica, pero parece que su conservación tampoco preocupa mucho en las instancias municipales y ciudadanas. l