martes 20/10/20

Pablo Guerrero | “Cuando te haces mayor, vuelves al niño que estaba oculto y emerge la luz”

Está encantado de volver a Galicia. La última vez desperdigó poesía en el Principal santiagués. El sábado estará en otro escenario igual de mágico, el Rosalía, a las 20.30 horas: “Es muy importante estar en un teatro y que te guste porque tienes ganado el concierto”.

El artista presentará en el Rosalía su último trabajo “Mundos de andar por casa”
El artista presentará en el Rosalía su último trabajo “Mundos de andar por casa”

Está encantado de volver a Galicia. La última vez desperdigó poesía en el Principal santiagués. El sábado estará en otro escenario igual de mágico, el Rosalía, a las 20.30 horas: “Es muy importante estar en un teatro y que te guste porque tienes ganado el concierto”.
En el caso de Guerrero, en la prueba del sonido, se hace con el espacio. Y una vez que es suyo, mete al público en su espacio. Para presentar “Mundos de andar por casa” que son sus pequeños mundos. De Extremadura y de cuando era niño: “Me quedaba maravillado mirando las granadas y le preguntaba a los mayores por qué al abrirse no se caían las pepitas al suelo”.
Hoy salen en la portada del disco y recuerdas el día en que llegaban las cigüeñas, “era como una fiesta e íbamos corriendo detrás de ellas, siguiendo su vuelo”. Con la perspectiva, eso sí, de un señor maduro y con sombrero, nunca dejó de hacer travesuras. Y escribe.
Pablo Guerrero escribe de noche. Cuando siente el cosquilleo en el estómago. Según la naturaleza del verso, el resultado viaja en canciones o lo lanza al papel. En forma de libro.

Suma 70 primaveras viendo esos pajarracos de pico largo, un tiempo base como para dar consejos. Desde su casa de Madrid, alienta a los jóvenes a que pinten el mundo a su manera: “A los sabios y científicos, que se pongan manos a la obra”.
Y mientras, alimenta su planeta de pequeñas cosas, “estamos rodeadas de ellas”. De agujeros negros que absorben los males y granaderos que crecen en el medio del salón, de ríos que nacen y pasan y gatos que atraviesan barcos de carga, de rosas de arena y de papeles de los que no se sabe cómo usar.
Y a pesar de todo, Guerrero canta a la esperanza, a la imaginación , que “ayuda a que el mundo pueda cambiar y nosotros también” y a la recuperación de asombro y de admirar que tienen los niños porque, de alguna forma, “cuando te haces mayor, vuelves al niño que estaba oculto y emerge a la luz”.
Desde su experiencia, ve necesario “vivir con los sentidos alerta, con atención sobre lo que ocurre alrededor, en la política y las amistades, es muy importante cuidar las amistades”.

El más íntimo
Y por eso, se calza la voz una vez más. Para preparar un repertorio, “el más íntimo, poético y cariñoso” y ofrecerlo en Galicia, “a mi hijo le encantaba venir conmigo hace años e íbamos a la Ribeira Sacra y a las Rías Baixas”.
Nunca le escribió porque cree que haciéndolo sería como algo impostado, pero es ese tipo de sitios que inspiran, dice: “Hay lugares que puedes estar en ellos cuatro días y llegas a su esencia. Yo llevo 50 años en Madrid y nunca pensé en hacer algo”.
Ahora que la cultura se mide en números, “el imperio de rendimiento, lo que da dinero se apoya y tanto llenas, tanto vales”, sus canciones tienen más sentido que nunca.
Recuerda que las grandes revoluciones empezaron con muy poca gente, que la cultura abre horizontes y que las palabras no están de moda, que el cantautor está huérfano y en peligro de extinción. Por eso “hay que mimar y proteger a los pocos que quedamos”, asegura.
Hoy que las cigüeñas llegan al punto más al norte del mapa, “¡Qué desastre!”, a Pablo Guerrero le preocupa el cambio climático y la sequía: “Sales a la calle y se te reseca la garganta. La gente no para de tener gripe y virus. Estamos todos un poco tocados”.
Por eso, “tiene que seguir lloviendo”. A cántaros. l

Comentarios