sábado 5/12/20

Los okupas se plantan en el centro del barrio de O Castrillón

Después de años abandonada y olvidada, una antigua vivienda unifamiliar en pleno centro del barrio de O Castrillón, acoge a un trío de sintecho, que esta semana han comenzado a plantar un huerto después de desbrozar el terreno de alrededor  
El huerto fue tomando forma poco a poco esta semana | javier alborés
El huerto fue tomando forma poco a poco esta semana | javier alborés

Unos jóvenes reparan una vieja casa de un solo piso y desbrozan al terreno para plantar un huerto. Se les ve con azadas y hoces y las manos llenas de tierra. En pleno casco urbano, es curioso observar una escena tan rural pero allí está, en la avenida de Casanova de Eirís, y desde hace ya un par de semanas. Se trata de tres personas en riesgo de exclusión social que han decidido ocupar una casa abandonada y tratar de salir adelante con un huerto. En realidad, no es el único sembrado: hay varios en esta zona de O Castrillón, en donde los sembrados comparten espacio con ruinas donde merodean los toxicómanos.

“La lechuga es lo primero que crece. Puede que las tengamos en veinte días”, explica Marta. Un amigo, su pareja y ella llevan allí un par de semanas, en esa pequeña casa de techo de uralita que estaba llena de basura y jeringuillas. “Estaba abandonada y nosotros necesitábamos un sitio. Estábamos donde el juzgado, pero ardió”, explica. Efectivamente, en enero ardió el edificio abandonado del número 8 de la calle Monforte, frente a los Nuevos Juzgados. “Estábamos ahí arriba, en el tercero durmiendo mi pareja y yo. No nos morimos allí de milagro y, claro, en algún sitio nos teníamos que meter”, explica la okupa.

La casa de la avenida de Casanova de Eirís no fue su primera elección. “Nos metimos en una obra y vino el señor que era el dueño y lógicamente, pues nos vamos. Aquí estaba abierto, dentro de lo que cabe, así que entramos”; dice con sencillez.

Sin recursos

“De momento, aún estamos limpiando, porque esto estaba lleno de escombros y de chutas. Despacito. Ahora vamos a empezar a pintar, pero no tenemos recursos. Queda muchísimo por hacer”, explica Marta. También afuera hay trabajo pendiente. Durante esta semana comenzaron a desbrozar el terreno, pero ya el miércoles comenzaron la primera siembra. También construyeron unos escalones de acceso.

“Vamos poco a poco –insiste–. Tampoco tenemos las ventanas, y les pusimos plásticos. Y vamos cambiando las cosas por algo mejor”. Sobre todo, teniendo en cuenta que ninguno tiene trabajo, y que la mayoría de sus ingresos los consiguen a través de la mendicidad. Por otro lado, algunos vecinos se han acercado para interesarse por su presencia, así como la Policía Nacional, que esta semana los identificó.

Para muchos vecinos su presencia era motivo de inquietud porque justo enfrente existen otras ruinas habitadas por toxicómanos. Pero ellos aseguran que solo tratan de sobrevivir y algunos vecinos ya les han traído comida o dinero para que compren herramientas.

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