jueves 14.11.2019

No nos hemos dado cuenta, pero hemos perdido un par de miles de estrellas

La contaminación lumínica se ha convertido en uno de los problemas a solucionar 
por las ciudades en los próximos años
Las pantallas LED de publicidad y escaparates han significado un nuevo foco de contaminación lumínica en las ciudades|  FOTOS Pedro Puig/ Quintana
Las pantallas LED de publicidad y escaparates han significado un nuevo foco de contaminación lumínica en las ciudades| FOTOS Pedro Puig/ Quintana

Había un pequeño e irreductible pueblo galo que temía que el cielo se precipitara sobre sus cabezas, pero no se habrían imaginado nunca que un día perderíamos todo lo que hay en él. Y es que poco a poco, sin darnos cuenta, la sociedad ha evolucionado en un camino en el que necesitamos que todo se vea del mismo modo, sea día o noche, y eso ha hecho que, si levantamos la cabeza y miramos al cielo solo seamos capaces de ver una docena de estrellas, de las miles que deberíamos ver en condiciones normales.

Nuestro impulso por poder ver con facilidad cualquier cosa ha hecho que, durante años, hayamos iluminado de una manera que los expertos tachan hoy en día de “horrorosa”. De hecho, estudios de investigadores como el italiano Fabio Falchi, que hace poco visitó la ciudad, sitúan las localidades del sur de Europa, entre ellas A Coruña, junto a muchas otras, como las peor iluminadas y que mayor contaminación lumínica producen.

A pesar del problema, A Coruña es una de las ciudades que más concienciadas está, ya que en los últimos años se construye pensando en una iluminación óptima

Esto no solo afecta a la visión nocturna del cielo, sino que también afecta al entorno, y a nosotros mismos. En cuanto al entorno, los fotones no se ven limitados por fronteras municipales, por lo que la luz de nuestra ciudad puede llegar a afectar a territorios como A Terra Chá. Esto lo explica Martin Pawley, de la Agrupación Astronómica Ío, quien comenta que, cuando quieren hacer observaciones de estrellas, se tienen que ir hasta, por ejemplo, Guitiriz, para poder observarlo en “buenas” condiciones.

No solo eso, sino que la sobreiluminación de los exteriores e interiores, nuestras propias casas, afectan a nuestros ritmos circadianos. “O noso organismo conta con reguladores,  un deses reguladores é a producción de melatonina, que é unha hormona que se segrega só pola noite”, explica Pawley. La determinación de lo que es o no oscuridad viene determinada por la luz que le llega al ojo, que es capaz de diferenciar entre los tonos azules del día y los más rojizos de los atardeceres. “A introducción de luz artificial escaralla ese sistema”, señala Pawley, refiriéndose, no solo a la iluminación externa, sino también a interiores y dispositivos como móviles o tablets.

Tipos y concienciación

A Coruña, como el resto de ciudades, se fue sobreiluminando, pero no todo es un tono pesimista, ya que precisamente nuestra ciudad se ha ido concienciando sobre este aspecto, y las últimas intervenciones han tenido presente la contaminación lumínica. Es el caso de los nuevos tramos de farolas de Alfonso Molina, cuya orientación e intensidad se han regulado para que la luz no se disperse y cumplan su principal cometido. Tal y como explica el ingeniero industrial, José Enrique Alcázar, en estos últimos años se han visto mejoras en la ciudad, sobre todo en intervenciones en lugares como “el barrio de Los Rosales, Matogrande, el polígono de A Grela, el Parque Europa... digamos que se ha mimado el tema de la contaminación lumínica”.

Tal y como señala Alcázar, hay muchos elementos que contaminan, lumínicamente hablando, como recintos deportivos, monopostes publicitarios o determinadas empresas. “Los niveles de contaminación de la ciudad son elevados, mejores que los de otras ciudades, pero se puede decir que nuestra ciudad está altamente contaminada todavía”, comenta. Poco a poco se trabaja en esto, por lo que Alcázar es optimista, “podemos decir que Coruña lidera la transformación en Galicia”.

Actualmente, en el centro de la ciudad, si elevamos la vista solo podríamos ver claramente una docena de cuerpos celestes, de los casi cuatro mil  que deberían ser visibles

Y sobre esta transformación nos podemos ir fijando al caminar por nuestras calles. En el ejemplo dado de Alfonso Molina, se pueden ver las “luminarias antiguas, que son muy contaminantes”, tal y como explica Alcázar, pero también se pueden observar las renovadas, a la altura de Cuatro Caminos, que señalan el camino a seguir en el futuro de la avenida. En este aspecto podemos ver que este tipo de mobiliario urbano cuenta con formas muy diversas. “Las que tienen forma de globo, por ejemplo, ya están prácticamente en desuso”, señala Alcázar, “de las más contaminantes, quedan muy pocas, como por ejemplo en la plaza de Portugal”, añade.

Son ese tipo de farolas, junto a las de mayor altura e iluminación horizontal, las que más han contribuido a la contaminación luminosa, sobre todo teniendo en cuenta que, muchas de ellas, cuentan con material antiguo, como las lámparas de sodio, y con intensidades demasiado altas.

Errores y nuevos enemigos

La concienciación y buen hacer en esta materia se han hecho notar en los últimos años. Pero, tal y como recuerda Pawley, ha habido alguna que otra intervención un tanto chocante. Se refiere el miembro de Ío a la colocación de globos luminosos en la mediana de la carretera Baños de Arteixo, de los que destaca que, “non iluminaban, e era incluso molestas para a circulación”, explicaba, ya que estas lámparas se situaban en el propio suelo. Pero se trata de un caso aislado, la excepción que confirma la regla.

También destaca Pawley, refrendándose en datos de diversos investigadores, que sobreiluminar una zona no aporta una mayor seguridad, “iluminar determinados lugares provoca inseguridade, porque convirtes en aparentemente utilizable zonas que non o deberían ser”, dice, hablando en zonas como parques o polígonos industriales, que, en su opinión, podrían limitar sus tiempos y zonas de luz, en momentos en que no sea estrictamente necesario, “porque estás a convidar á xente que vaia a esos lugares”, añade Pawley.el ideal gallego-9999-99-99-999-4c9187db

Aunque sí que hay un elemento novedoso y que prolifera cada vez más en nuestra ciudad, y en la gran mayoría, las pantallas LED. Cada vez es más frecuente ver este tipo de pantallas a modo de carteles publicitarios e incluso en los escaparates de numerosos comercios. Y es algo, en cierto modo, contraproducente, ya que, en un tiempo en el que en materia pública se lucha para dirigir hacia abajo y reducir la intensidad del alumbrado, estas pantallas pueden llegar a producir el efecto adverso, producir focos de iluminación horizontales y dispersos.

Consejos

Uno de los mayores consensos en la materia es el de que no necesitamos tanta iluminación, ni en las  calles y polígonos, ni en nuestras propias casas. De ahí nacen los primeros consejos, que son esos ejemplos vistos con anterioridad, para el alumbrado público, menor intensidad y enfocado hacia abajo, que es lo que nos interesa ver.

Tanto en los exteriores como en nuestros hogares, debería predominar los tonos cálidos, que chocan de una manera menos frontal contra “o natural”. Aún así, en pro de nuestra propia salud, se debería reducir, no solo la iluminación agresiva de nuestras casas, sino la utilización de dispositivos móviles que, en cierto modo, afectan también a nuestros ritmos circadianos.

En cuanto a la afectación al entorno, Pawley cuestiona la necesidad de dotar de grandes cantidades de luz a lugares como los parques, ya que precisamente este es uno de los focos que atenta contra el entorno, alterando las necesidades de pequeños animales y, sobre todo, de insectos. Bromea también el miembro de Ío con que, quizá, está sería una de las formas de acabar con ciertas prácticas humanas en algún parque de la ciudad, sin necesidad de recurrir a multas ni declaraciones BIC.

Futuro

Este tema no es algo sobre lo que vayamos a ver grandes resultados a corto plazo, porque tal y como señalan Alcázar y Pawley, no se puede cambiar todos los puntos de luz de la ciudad de la noche a la mañana. Además, hay que tener en cuenta el coste que tendría el cambio del alumbrado.

Pero poco a poco si que podremos ver pequeños avances. Quizá nuestros hábitos y los del entorno más cercano se puedan naturalizar un poco más. Quizá, poco a poco, podamos volver a levantar la cabeza y ver algo más que un puñado de cuerpos celestes y no tener que realizar tantos kilómetros para poder apreciar un “ceo decente”.

Porque, en este aspecto, Pawley explica que, en las actividades de la agrupación astronómica Ío tienen que desplazarse muchos kilómetros, “ata Guitiriz, e aínda así, está un pouco limitado”, explica. Señala también que, en la propia ciudad, aún apagando, por ejemplo, una plaza entera, solo se puede ver una porción muy pequeña de cuerpos celestes. Por ello, además de por todas las implicaciones antes citadas, incide en la necesidad de cambiar los hábitos al respecto de la iluminación, para, en un futuro no tan lejano, aumentar el porcentaje de estrellas visibles en una ciudad, que ahora mismo no llega ni a un 10%, en las mejores condiciones posibles. Puede mejorar “incluso as nosas horas de sono”, subraya Pawley, porque “aínda que non lle deamos importancia, durmir é unha das cousas máis importantes, e precisa da escuridade”.

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