Miércoles 26.06.2019

Las mujeres copan un local que cede metros cuadrados al arte expuesto y a la palabra

Pardo, en Santo Domingo 3, bajo derecha, abre sus puertas para que el que quiera dé charlas, talleres o exponga sus pinturas

El local lleva abierto desde el mes de noviembre en la Ciudad Vieja
El local lleva abierto desde el mes de noviembre en la Ciudad Vieja

Por circunstancias de la vida, todas con las que contactó Minia Lago para su local son creadoras con mucho que ofrecer, que han poblado Pardo, en Santo Domingo, 3, de “maravillas”, distintas y originales en un mercado que cada vez demanda más lo que lleva sello propio y está hecho a medida. 

Así que la dueña del local despacha desde noviembre el talento femenino y coruñés, que viaja en los bolsos de La Casita de Valeria, cuya capitana utiliza tejidos sacados de los trajes tradicionales del país a los que pone asas: “Son preciosos”. Un festival de colores que hace mella en el orgullo por la tierra que canta alalás.

La emprendedora se enamoró igualmente de una serie de delantales base, que se combinan al gusto del consumidor, esto es, el cliente es el que elige la tela y la forma. Ella solo acata órdenes. 

Además, también está Pin Up con sus faldas inspiradas en los años 50 a las que llama “valentinas” y para los pies, el negocio presenta a Somos Océano, una pareja viguesa, padres de criaturas con toque patrio. 

Es una tienda pequeña, pero Minia trata de estirarla al máximo porque sus mujeres tienen mucho que decir y por eso, además de ceñirse a la compraventa llama a todas las artesanas, a los artesanos también, a usar su bajo derecha para microtalleres. También está abierto a charlas y exposiciones: “Las paredes son blancas y están libres y si hace falta, muevo los muebles”. 

Todo sea porque el arte esté más presente, que la palabra eduque en Pardo y la experiencia sea compartida, eso sí, en grupos reducidos. Como máximo caben ocho personas, que podrán servirse de las actividades sin pagar nada a cambio, al igual que los que quieran expresar en alto. Minia les cede metros cuadrados: “Se me encendió la luz y pensé que igual que yo me siento como en casa, otros pueden tener la misma sensación”. 

Minia les anima a romper el hielo, rodeados de creaciones realizadas a mano, de la técnica de origami que practican las chicas de Anaquiños de Papel y complementos que no pasan desapercibidos por su naturaleza singular: “Entre mujeres estoy encantada, me maravilla lo que es capaz de hacer la gente”.

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