Miércoles 21.11.2018

Méndez Núñez cumple su décimo año como epicentro del botellón

El comienzo del curso universitario viene marcado por la reaparición del botellón en los jardines de Méndez Núñez, estimulado por el reencuentro con los compañeros de clase y por el buen tiempo. Este curso se cumplen diez años desde

Operarios de Cespa recogen desperdicios al día siguiente de un botellón | quintana
Operarios de Cespa recogen desperdicios al día siguiente de un botellón | quintana

El comienzo del curso universitario viene marcado por la reaparición del botellón en los jardines de Méndez Núñez, estimulado por el reencuentro con los compañeros de clase y por el buen tiempo. Este curso se cumplen diez años desde que estos espacios verdes se convirtieron en el epicentro de estas reuniones alcohólicas, después de que un ordenanza municipal de junio de 2008 la desterrara del que había sido su anterior hogar: la plaza del Humor. A pesar de la polémica y las molestias que siempre rodea al botellón, hace ya tiempo que las autoridades han sacrificado este espacio para la tranquilidad de los vecinos. Los estudiantes que beben y celebran en él cambian cada año, pero no parece que Méndez Núñez llegue a graduarse jamás.
Fue el bipartito de Javier Losada el que tuvo que tomar medidas para prohibirlo no solo en la plaza del Humor, sino en la de Azcárrega o la de Santa Catalina, después de que le obligara a ello el clamor de los vecinos, hartos de los gritos, ruidos, peleas, basura y los portales usados como retretes. Después de deambular, acabaron instalándose en los jardines de Méndez Núñez, lugar donde se celebraba antes, aunque en menor medida, y que cumplía los requisitos: un gran espacio con bancos para sentarse y próximo a la zona de movida nocturna del Orzán. Además, los jardines de Méndez Núñez cumplen también con otro requisito imprescindible para el Ayuntamiento: está lejos de cualquier edificio y por tanto no molesta a los vecinos.
Vandalismo
Eso no quiere decir que tantos jóvenes alcoholizados no provoquen molestias. El vandalismo se convierte en uno de los principales problemas, con destrozos continuos en el reloj floral que amanece a menudo con las manecillas dobladas o rotas después de un botellón. Durante el gobierno de Carlos Negreira se instalaron cámaras de seguridad pero resultaron ser inútiles.
Durante el actual mandato, se descubrieron además daños en la corteza de algunos árboles provocados por cuchillos, por lo que fue necesario protegerlos. Y por supuesto, está la gran cantidad de basura, sobre todo plástico y cristal, que dejan tras de sí, y que un servicio especial de la concesionaria de limpieza tiene que recoger, llenando contenedores enteros.
Evitar el “alarmismo”
“El botellón es un fenómeno universitario, va a seguir mientras haya universidad”, opinan fuentes municipales. El Gobierno de Xulio Ferreiro ha decidido adoptar una política continuista respecto a sus antecesores y permitirlo, aunque siempre restringiéndolo para que nunca sobrepase la calle de Entrejardines y puso el problema en manos de la concejala de Xuventude y participación Ciudadana, Claudia Delso, que se limitó a insistir en que hay que evitar el “alarmismo”. Ella considera que el fenómeno del botellón se ha estancado en los últimos años si no se cuentan algunas noches excepcionales en las que la asistencia es mayor.
Para Delso, resulta evidente que “vai seguir habendo botellón. Haberá que regulalo e que seguir traballando para que non sexa a única maneira de divertirse”, como señaló durante la última polémica. Pero en su momento advirtió de que, si se expulsara a los jóvenes de Méndez Núñez, el fenómeno se reproduciría en otro lugar: “Téñoo clarísimo”.
El problema de los menores
Uno de los principales problemas que genera el botellón es el descontrol en el consumo de bebidas alcohólicas. Aunque la mayor parte de los asistentes sean estudiantes universitarios, hay entre ellos menores de edad que se aprovechan del fácil acceso a la bebida. Delso asegura que “O número de menores sancionados cada ano non chega a cen”. La Policía Local mantiene una vigilancia constante de los jardines. Eso quiere decir que las patrullas recorren la zona a menudo, sobre todo los jueves y los sábado, cuando la concentración de jóvenes es mayor.
Pero también la Policía Autonómica lleva a cabo labores de vigilancia en la zona. Fuentes de la Unidad Adscrita calculan una media de 15 a 20 sanciones al mes, lo que podría doblar con creces la cifra de la Policía Local.
Estancado o enquistado, no es raro ver a grupos de jóvenes bebiendo también en la plaza de Santa Catalina o en San Andrés, a pesar de tratarse de zonas protegidas. Pero Méndez Núnez sigue siendo el epicentro del botellón.l

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