Los mártires de Carral que se alzaron en La Coruña

En la ciudad de La Coruña se hallaba acuartelado desde el año 1844 el Regimiento Zamora, cuyos mandos eran partidarios del general Espartero. Por esta razón, el Gobierno del general Narváez toma la decisión de trasladar esta unidad a Valladolid, de forma paulatina, a fin de evitar un posible alzamiento militar en la plaza coruñesa, que, por otra parte, era un movimiento muy arraigado entre los liberales. 

Los mártires de Carral que se alzaron en La Coruña
El comandante Miguel Solís y Cuetos
El comandante Miguel Solís y Cuetos

En la ciudad de La Coruña se hallaba acuartelado desde el año 1844 el Regimiento Zamora, cuyos mandos eran partidarios del general Espartero. Por esta razón, el Gobierno del general Narváez toma la decisión de trasladar esta unidad a Valladolid, de forma paulatina, a fin de evitar un posible alzamiento militar en la plaza coruñesa, que, por otra parte, era un movimiento muy arraigado entre los liberales. 
El segundo de estos batallones llega a Lugo el 2 de abril de 1846, al existir en esta plaza una junta progresista. Defiende su pronunciamiento públicamente por la libertad de Galicia y toma la iniciativa de sublevarse contra el Gobierno de la Nación. Estando al mando de esta asonada el comandante Miguel Solís y Cuetos, en un principio se piensa que este alzamiento está bajo las órdenes del propio Espartero, pero pronto se disipa la duda.
Al ser este el jefe del batallón, los mandos militares de las restantes unidades no se atreven a secundar el movimiento de sedición, lo que provocará su posterior fracaso. Mientras, Solís aguardaba en la plaza de La Coruña un levantamiento general y por tanto se dirige a ella. Pero el capitán general interino de la plaza, Juan de Villalonga, toma medidas contra Solís y sus seguidores, cerrando los caminos que van a la ciudad, abortando de este modo cualquier posible alzamiento por parte de la población o de algún otro batallón que se pudiese sumar en caso de penetrar en la ciudad con su fuerza y encarcelando a todos los progresistas radicales de La Coruña que eran favorables a esta asonada.

cuatro ciudades
Al llegar las tropas de Solís a las proximidades de La Coruña se ven con la imposibilidad de poder acceder a la ciudad, decidiendo acampar en el lugar del Alto de Eirís y esperar a que la ciudad se subleve, cosa que finalmente no sucede. De este modo a las seis de la tarde del día 17, Solís se encamina con sus fieles unidades a Betanzos y Ferrol, pero le sucede en estas plazas lo mismo que en La Coruña y decide esperar a la posibilidad de recibir ayuda de la población en la seguridad de que se sumase al alzamiento.
Desanimado por el fracaso de que ninguna de estas poblaciones se sume a su postura, toma el camino de Santiago, en cuyo trayecto el día 23 tiene lugar la batalla de “Cacheiras”, en la cual las tropas al mando de Miguel Solís y Cuetos son derrotadas junto con una unidad de los jóvenes universitarios de Santiago, que habían logrado formar un Batallón Literario al mando del cual estará Antolín Faraldo. Este será el último que se forme. 
Buscaron refugio en el monasterio de San Martín Pinario de Santiago como el reducto más capaz de resistir la defensa de sus ideales, mientras que Compostela sufría el saqueo de las tropas al mando del general de la Concha. Solís se entregó como prisionero debido al fracasado golpe a cambio de que nadie de los que le apoyaron fuese ejecutado por esta sublevación, pero el capitán general Juan de Villalonga, bajo las órdenes expresas de Narváez –que exigía un castigo ejemplar– es partidario de la ejecución de todos los implicados.
En principio estaba pensado traerlos a La Coruña, para ser sometidos a consejo de guerra, temeroso Villalonga de un posible levantamiento del pueblo coruñés, acaba por nombrar un tribunal militar especial y el 25 de abril los reos son llevados a la localidad de Órdenes. Pero en el lugar no hallaron a autoridad alguna dispuesta a firmar la orden de ejecución, por lo que se emprende camino de Carral y allí el segundo alcalde Fernando Insua da su autorización para que se efectuase dicha ejecución. Esta se llevaría a cabo al día siguiente en unos prados inmediatos a la izquierda del camino de la iglesia parroquial, en donde serán fusilados y entregados al cura párroco para su enterramiento en el cementerio de la iglesia de San Esteban de Paleo, donde doce oficiales sucumben ante el fuego de fusilería y el propio Solís solicitó permiso para dirigirse al pelotón, rechazando dar la espalda a sus ejecutores y a que se le vendasen los ojos. 
Allí descansan los jefes Miguel Solís y Víctor Velasco y los capitanes Manuel Ferrer, Jacinto Dabán, Fermín Mariné, Ramón José Llorens, Juan Sánchez, Ignacio de la Infanta, Santiago la Llave, Francisco Márquez, José Martínez y Felipe Valero.

reconocimiento
Esta ejecución sumaria haría nacer la leyenda de los Mártires de Carral, declarando la reina Isabel II a todos aquellos oficiales como “beneméritos de la patria” y ordenando que se levante un monumento en su memoria, cuyo presupuesto ascendía a los 120.000 reales de vellón. El proyecto no se llegaría a realizar hasta que en 1898 el destacado galleguista Francisco Suárez Delgado, recién llegado de Buenos Aires, da los primeros pasos para dar sentido a aquella perdida memoria de levantar el monumento que recuerde la gesta de los Mártires de Carral. Fue costeada por suscripción popular e impulsada por la Liga Gallega da Cruña, vinculada a la tertulia que albergaba la librería de Carré Aldao, más conocida en la ciudad coruñesa como “A Cova Céltica”. Finalmente, el monumento se inaugura el año 1905.
Años después, el pleno municipal del 29 de abril de 1931 aprobó la determinación de dar el nombre de “Avenida de los Mártires de Carral” a la carretera comprendida entre el Puente de Monelos y el Alto de Eirís, en virtud de una propuesta formulada por Julio Paradela, concejal electo en las elecciones del 14 de abril. Como ratificación a la memoria de aquellos esforzados varones que el próximo 26 de abril de 2016 se cumple el 170° aniversario de este luctuoso acontecimiento.