viernes 4/12/20

La luz como materia prima de la creación

El MAC abre una puerta al bioarte y por ella pasa el que está considerado su padre, el brasileño Eduardo Kac, con una pieza creada para el museo y otra más, “Singularis”.

El visitante podrá conocer una forma de crear donde el arte se conjuga con la ciencia	patricia g. fraga
El visitante podrá conocer una forma de crear donde el arte se conjuga con la ciencia patricia g. fraga

El MAC abre una puerta al bioarte y por ella pasa el que está considerado su padre, el brasileño Eduardo Kac, con una pieza creada para el museo y otra más, “Singularis”, en la que su propio ADN entra en juego. Inspirada en el pasaje bíblico del Génesis, la primera de ellas, “Y la luz se hizo”, le da nombre también a la muestra. Está actualizada y funciona en red. En una sala por la que también entran obras de otros cinco artistas más que sintetizan el mundo desde distintos puntos de vista y con la luz como ingrediente principal.
De esta forma, Mónica Fuster inyecta la habitación de hormiguitas que corren en una dirección y se hacen grandes sobre la pared. Aquí las sombras tienen la misma importancia que las creaciones, advierte la comisaria Concha Fontenla, y el espectador se recrea en la aportación del cubano Duvier del Dago, que retrata la mutación de una ballena en submarino a través de recreaciones hechas con hilos.
El material se esconde bajo una luz negra y solo queda el esqueleto de las esculturas que recuerdan a reproducciones en 3D. Decía el artista que la obra pertenece a la serie “Error humano”, donde el autor asume prototipos bélicos de diseños que están en la naturaleza. Con el mar como telón de fondo, los miedos que rodean al medio acuoso flotan en el paisaje.
Del Dago parte de la tecnología tridimensional para utilizar sus manos y el resultado es completamente artesanal, aunque parezca lo contrario. La obra fue pensada para el espacio y hace referencia a los bocetos que pululan por la cabeza de Duvier, que “vienen y van, están y no están”. En un fluir de pensamientos que se van con Marina Núñez a la búsqueda del equilibrio. La profesora de Bellas Artes, en la facultad de Pontevedra, muestra su evolución.
Y de la pintura más clásica, donde pequeños Ícaros vuelan sin alas en esa idea de querer elevarse y quedar preso entra tanta codicia, la creadora pasa al soporte digital para intentar hacer visible lo invisible. Cuenta la comisaria que es complicado saber el sexo de sus figuras. No interesa. Pero sí las conexiones energéticas del ser humano.
La ciencia está presente con el inglés Luke Jerram en pequeñas piezas que representan a gran tamaño virus como el VIH o la gripe aviar y bacterias. En contraposición, la exposición colectiva permite la entrada de un diseñador como el gallego Arturo Álvarez, que usa la luz para dibujar formas caprichosas. El autor crea una iluminación creativa después de años investigando sobre ella con nuevos materiales.
De hecho, en la muestra se pueden ver plantadas un ejército de lámparas que titula “Bosque de Geas”, realizadas con simetech, que es un tejido traslúcido de silicona y plegado por el que está nominado a un premio en Nueva York.
Hasta el 3 de mayo, los coruñeses pueden conocer algo más del arte transgénico, donde la ciencia, el arte y la tecnología se relacionan. Son 20 obras de diferentes formatos –instalación, escultura, pintura y videoarte– donde los seis expresan sus preocupaciones a través de puntos de luz. En un paseo agradable firmado por referentes de una corriente puntera.

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