sábado 23/1/21

Cuentan los policías locales que la tarde del 21 de agosto de 2011 entraron en el piso de Monte Alto donde fueron asesinados los mellizos Adrián y Álex Bergantiños que encontraron al autor confeso del crimen “cabizbajo, sentado, sin articular palabra”.
el acusado sufrió un ataque de ansiedad que obligó a posponer unos minutos el inicio de la vista susy suárez
el acusado sufrió un ataque de ansiedad que obligó a posponer unos minutos el inicio de la vista susy suárez

Cuentan los policías locales que la tarde del 21 de agosto de 2011 entraron en el piso de Monte Alto donde fueron asesinados los mellizos Adrián y Álex Bergantiños que encontraron al autor confeso del crimen “cabizbajo, sentado, sin articular palabra”. Es, en esencia, la misma actitud que Javier Estrada venía exhibiendo desde que la semana pasada comenzó el juicio contra él. Hasta ayer. Antes de comenzar la que sería la cuarta sesión de la vista, su llanto, primero silencioso pero cada vez más notorio, obligó a posponer por unos minutos la prueba testifical.

Un informe habla
de los “impulsos intensos” del acusado por hacer daño, a sí mismo o a terceros

El acusado apenas pronunció tres palabras en ese arranque de emotividad. “No aguanto más”. Las mismas que dirigió a los agentes municipales que la tarde de su detención acudieron a la casa tras recibir una llamada que alertaba de “dos niños muertos”.

Ayer, los policías describieron al tribunal la actitud del treintañero que les abrió el portal como “demasiado tranquila”, “muy ausente” o “compungida”. Tales calificativos concuerdan con la fase de “aplanamiento emocional” a la que se refieren los dos psiquiatras del Instituto de Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago que elaboraron un informe dirigido a determinar la imputabilidad del acusado, esto es, a resolver si sus condiciones mentales le permiten responder penalmente por el crimen.

Porque, según entienden los dos especialistas llamados a declarar por la defensa, el violento ataque que sufrieron los dos menores a manos del novio de su madre fue el clímax de una “escalada de tensión” que desembocó en un episodio de “descontrol” determinado, tanto por la capacidad mental del acusado como por sus trastornos psíquicos.

Los facultativos toman como precedentes los dos intentos “serios” de suicidio que protagonizó el acusado antes de establecer relaciones con la madre de los mellizos, o la paliza que le propinó a una novia anterior “al sentirse engañado en su intento de tener descendencia”, para concluir que el asesino confeso “siente impulsos intensos de hacer daño a terceras personas o a sí mismo y, posteriormente, arrepentimiento”. “Pero en el caso de los niños, los hechos fueron irreversibles”, matizaron ayer.

Esa “impulsividad” la achacan los especialistas a dos factores: por un lado, al bajo coeficiente intelectual del acusado, que le sitúa en el ámbito del retraso “leve”, “con la edad mental de un niño de entre nueve y doce años”; por otro, al “trastorno paranoide” que diagnostican a partir de “muchos detalles de su personalidad”. Con este diagnóstico, los psiquiatras se mostraron ayer convencidos al dictaminar que esos rasgos “sí influyen” y causan una “afectación notoria” en la impulsividad y conducta del autor del crimen. “Parece razonable esperar que han influido de manera significativa en su descontrol”, concluyeron.

divergencias

Con esta valoración, los peritos contradicen la opinión de la psicóloga del Instituto de Medicina Legal que evaluó al procesado, quien no apreció un retraso mental ni tampoco patologías mentales que puedan influir en las capacidades o la voluntad del agresor, a pesar de ese bajo coeficiente intelectual y el “trastorno evitativo con rasgos paranoides” que sí admite la forense.

La diferencia de criterios tiene relevancia de cara a la sentencia, ya que de ello depende la pena que se le vaya a imponer a Estrada por los dos asesinatos y los continuos malos tratos a los menores que le achacan las acusaciones. Estas sostienen que el hombre estaba plenamente en sus cabales cuando golpeó hasta la muerte a los niños con dos baldas de madera y el soporte metálico, y piden penas que en algún caso superan los 50 años de cárcel. La abogada que lo defiende, Lucía Rama, toma en cambio los argumentos del informe psiquiátrico para establecer que el encausado estaba condicionado por sus problemas mentales cuando cometió el crimen y, en consecuencia, debe ser eximido de responsabilidad penal e internado en un centro psiquiátrico.

"desbordada"

A la sesión de ayer también fue llamado a declarar el psiquiatra que trata a Mar Longueira, madre de los mellizos y procesada por los malos tratos que, según las acusaciones, sufrieron en los últimos años de su vida.

“Se sentía sola en el mundo, desbordada”, señaló el especialista, que destacó que para ella, el acusado era “un apoyo” ya que era quien se ocupaba de cuidar a los niños. Pero las preguntas fueron dirigidas a otra cuestión: la frialdad de Longueira al conocer la muerte de sus hijos y el desapego que transmite, incluso en el juicio. “Su respuesta afectiva está muy disminuida, su miedo era a que la implicaran y, posteriormente, a ir a la cárcel”, expulso el psiquiatra, antes de admitir que se trata de una reacción “poco habitual”. “Si fuera normal no estaría diagnosticada de trastorno de personalidad”, precisó.

Sin querer responder a si su personalidad encaja con la de una maltratadora sí hizo una revelación: “No se imaginó nunca que fuera a pasar esto”.

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