domingo 17/1/21

El laboratorio se despuebla de talentos

En el mismo laboratorio donde hasta hace poco tiempo se colgaban 20 batas, hoy hay seis. El grupo de investigación Xenomar sobre genética de organismos marinos es solo un ejemplo que confirma cómo las facultades, en este caso la de Ciencias, se están despoblando de talentos.

Los expertos analizan la genética de la coquina de cara a una futura repoblación eficaz
Los expertos analizan la genética de la coquina de cara a una futura repoblación eficaz

En el mismo laboratorio donde hasta hace poco tiempo se colgaban 20 batas, hoy hay seis. El grupo de investigación Xenomar sobre genética de organismos marinos es solo un ejemplo que confirma cómo las facultades, en este caso la de Ciencias, se están despoblando de talentos. Su coordinadora Josefina Méndez alerta de que el único movimiento de menos a más que se produce en la comunidad educativa es el que protagonizan los profesores titulares que pasan a catedráticos. Los eslabones inferiores han quedado desiertos. No hay apenas becarios, ni profesores ayudantes y este vacío formativo viene dado por la falta de financiación para darle forma a ideas brillantes: “Destinan muy poca cantidad de dinero para proyectos y becas”. Es por eso que los talentos marchan a otros países como Canadá o Estados Unidos. Lo hacen desde el grado o antes de iniciar el master. 
Ante este panorama, Xenomar sigue sumando razones para que la actitud de la Administración dé un giro. Encima de la mesa, tienen actualmente dos proyectos que afectan al crecimiento del sector pesquero y al industrial. En el primero que están a punto de finalizar, analizan la evaluación citogenética y molecular de la respuesta temprana del mejillón al ácido ocadaico, que lo tiene la toxina diarreica DSP. 
Explica la experta que este bivalvo es capaz de detectar la marea roja mucho antes de que se inicie a través de mecanismos de protección. Al parecer, una vez que percibe el peligro crea una encima, la digiere y la acumula en el hepatopancreas. Los investigadores confeccionan así el perfil de este animal rey en Galicia. Todas sus proteínas están fichadas junto con su expresión diferencial. De la genómica, extraen “infinidad de datos, hemos delimitado las proteínas y todo lo que interviene”. 
La meta pasa por descubrir biomarcadores en el mejillón, que apunten sobre la presencia de marea roja. Esto se traduce a que en un futuro, las empresas extractoras puedan reaccionar antes de tiempo y no se echen a perder producciones enteras de mejillón, que sean, en definitiva, más rápidos que la toxina. Para sacarle punta a los resultados, cuentan con la colaboración de gente que ha pasado por A Zapateira y ocupan puestos en laboratorios de Oxford, Florida y Canadá. Por otra parte, la propuesta pone a bailar a distintas disciplinas como la bioinformática, la bioquímica y la citogenética. 
En el segundo reto, trabajan mano a mano con el Centro de Investigacións Mariñas Corón (CIMA) de Ribadeo para dar con el quiz de la desaparición en Galicia de la coquina. Josefina señala que actualmente solo se da en Vilarube, en Cedeira: “En A Lanzada, playa América o Corrubedo ha desaparecido”. 
Debido a su alto interés comercial, el hecho de encontrar la causa por la que este molusco ha emigrado de las costas implicará riqueza para la comunidad y no solo orgánica. Para ello, los especialistas estudian de cerca la diversidad y la diferenciación genética de las localidades gallegas: “Queremos que aumente la producción y si se puede realizar una siembra con coquina gallega o de fuera”. El porqué de su adiós les dará la solución a un centro donde la catedrática va más allá e indaga cuestiones específicas del ácido ocadaico. Lleva la batuta de un equipo que arrancó en 1990 y se lamenta de que hoy en día la Universidad pula diamantes para que otros le saquen brillo: “He dirigido 27 tesis y ahora solo tengo cuatro pendientes”. 

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