martes 20/10/20

El jurado falla que el homicidio de San Cristóbal das Viñas no fue intencionado

Con la convicción unánime de que la cuchillada que recibió en julio de 2012 un cuadragenario en un descampado de San Cristóbal das Viñas a manos del amigo.

El acusado escuchó ayer el veredicto, que le supondrá un máximo de 51 meses en prisión 	quintana
El acusado escuchó ayer el veredicto, que le supondrá un máximo de 51 meses en prisión quintana

Con la convicción unánime de que la cuchillada que recibió en julio de 2012 un cuadragenario en un descampado de San Cristóbal das Viñas a manos del amigo que le acompañaba no fue infligida con la intención de matar, el jurado reunido hasta ayer en la Audiencia para deliberar sobre las circunstancias que rodearon el suceso emitió ayer un veredicto de culpabilidad, aunque suavizado. Los nueve ciudadanos consideran al acusado autor de un delito de lesiones con instrumento peligroso, en concurrencia con un delito de homicidio por imprudencia, y basan esta calificación en la creencia de que la persona con la que fue vista la víctima aquella tarde le acuchilló, pero con la única intención de herirle.
Esa conclusión servirá al hombre que desde el jueves pasado ocupó el banquillo de la Audiencia para minorar de forma considerable la pena que el fiscal y la acusación particular, que ejercía un hermano de la víctima, pedían para él. Se enfrentaba, según las conclusiones finales de ambas partes, a una condena de 12 años por delito de homicidio intencionado pero la nueva tipificación de los hechos rebaja la pena hasta un máximo de cinco años, de los que ya ha cumplido en preventiva algo más de uno.
Pero además, las consideraciones del jurado respecto a las condiciones en que se encontraba el acusado le servirán para rebajar aún más esa condena. Por unanimidad, sus miembros han considerado probado que el agresor sufría un alcoholismo de larga duración y que era consumidor habitual de fármacos. El hecho de que la mayoría de ellos entendiese también que, la tarde en cuestión, el acusado estaba bajo los efectos de la bebida y los ansiolíticos y tenía por tanto mermadas sus facultades intelectuales y su voluntad introducirá en la sentencia una circunstancia atenuante por intoxicación que acotará la condena a imponer a una horquilla de entre los tres años y medio y los cuatro años y tres meses.

irrelevante
El veredicto establece las causas médicas de la muerte de la víctima pero no entra a valorar los motivos del ataque, algo que, por otra parte, resulta irrelevante a la hora de evaluar los hechos, tal como recordó el magistrado presidente durante una de las sesiones de la vista.
El relato de hechos que el jurado ha validado únicamente fija que la tarde del 17 de julio de 2012, el hombre sometido a juicio asestó a su amigo una única cuchillada en la parte izquierda del pecho, que le atravesó la musculatura, la pleura y el diafragma y le alcanzó el hígado y el estómago. La muerte le sobrevendría dos días después, a consecuencia de una bronconeumonía que contrajo durante la estancia hospitalaria y que, según el veredicto, fue consecuencia del estado físico creado por la agresión con el arma.
Para llegar a estas conclusiones, el jurado se vale en parte de los testimonios contenidos en la causa, entre ellos el del hombre considerado autor de los hechos y el de la víctima. Sobre el primero, el portavoz del tribunal popular apelaba ayer a las “contradicciones” que la Policía detectó en su versión cuando fue detenido por un delito de omisión del deber de socorro, tras comprobarse que había estado junto a la víctima hasta muy poco tiempo antes de que esta pidiese auxilio por teléfono al 061. Esa llamada, reproducida durante el último día del juicio oral, es otra de las pruebas que llevan a los nueve ciudadanos a valorar el papel del acusado en la muerte. En ella, el herido que pedía ayuda decía que acababa de ser apuñalado, pero no daba datos de la autoría, como tampoco haría después al ser interrogado durante el traslado en ambulancia.
La conclusión del equipo policial que investigó los hechos es que ela víctima no quería delatar a su atacante (eran amigos), y para ello llegó a hablar de dos asaltantes, una tesis que se descartaría por las grabaciones de las cámaras de seguridad de una gasolinera próxima, que recogen los pasos del fallecido y al acusado y, poco después, el camino de vuelta de este último y el momento en que esconde el cuchillo. Esas imágenes, e igualmente la reconstrucción de los hechos por parte de la Policía y la autoridad judicial, son otras de las pruebas que llevan al jurado a alcanzar su veredicto.

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