martes 29/9/20

Juan José Millás | “La nariz marca mucho a las mujeres pájaro, pero es toda la arquitectura en sí”

Cuando a Millás le decían que a su tía le cortaron las alas, se imaginaba unas tijeras haciendo chas chas sobre los apéndices de una mujer dulce. A

Juan José Millás habló en la Fundación Seoane de su nueva novela “Que nadie duerma” | pedro puig
Juan José Millás habló en la Fundación Seoane de su nueva novela “Que nadie duerma” | pedro puig

Cuando a Millás le decían que a su tía le cortaron las alas, se imaginaba unas tijeras haciendo chas chas sobre los apéndices de una mujer dulce. A su protagonista no quiso que nadie se las cortara porque las mujeres pájaro están para eso. Para coger las riendas y hacer de su vida un pandero. De color azul.

Le ha salido una obra de teatro redonda, ¿no cree?
Podría ser.

Habla al final del libro de lo real y lo realista. Quizá el secreto de esta historia es que es real.
La realidad, en general, siempre trae problemas. No nos ponemos de acuerdo porque la realidad es una ficción y la ficción individual es una continuación de la interobjetiva. No hay una frontera tan grande. Hay un continuo trasvase, tendemos a separar realidad sea lo que sea y la fantasía y en la cabeza de cada uno van pasando ficciones como que nos toque la lotería. Esa ficción ocurre dentro de un autobús.

Todo el mundo ficciona, pero ¿cuántos lo dicen en alto? ¿Por qué hay ese miedo a contarlo?
A todo el mundo, pero lo censura porque no está aceptado. La educación consiste en tratar de atenuar la capacidad imaginativa en el niño al que se le dicen cosas como “hay que poner los pies en la tierra”. Los niños muy imaginativos dan miedo a los padres y profesores. Nadie habla de lo que se le ocurre.

Lucía sí.
Lucía es una mujer ingenua y bondadosa que no tiene espacio y lo encuentra en un taxi donde puede decir lo que piensa porque los clientes duran muy poco, cinco o diez minutos y salen.

¿De dónde sale el personaje?
Es un misterio de donde salen. Cuando terminas una novela no sabes nada de ella. Lucía se inspira en una tía mía, de la que se hablaba mucho en casa. Creo que era muy inteligente y siempre decían que si no le hubieran cortado las alas, hubiera llegado a donde se lo propusiera. De pequeño cuando escuchas eso te imaginas unas tijeras y ella era un mujer muy dulce, de la que era creíble que tuviera alas. A la madre de Lucía también se las cortaron, pero Lucía no está dispuesta y coge las riendas de su propia vida, que es coger el volante del taxi en realidad para conducir y conducirse.

Hay quien distingue a las personas como pájaro, perro o tortuga por su nariz, pero en su caso las mujeres pájaro tienen algo más.
Hay una tradición de mujeres pájaro. La nariz marca mucho, pero es toda la arquitectura en sí. Como me impresionó tanto lo de mi tía y en Filosofía siempre me fascinó Victoria de Samotracia, cuando viajé a París fui a ver la escultura al Louvre. Se da la circunstancia de que en la ópera hubo dos mujeres pájaro como la Callas y la contralto peruana Yma Sumac, que empezó a cantar imitando a los pájaros. Para serlo, no basta con el físico. Después están los ángeles, que aunque no tienen sexo se acercan más a la feminidad por su delicadeza.

Sin embargo, a Braulio Botas, de quien se enamora Lucía, lo clasifica como hombre pájaro y termina siendo un mediocre.
Porque empieza a idealizarlo, es una mujer delirante y construye a un tipo que nada tiene que ver con la realidad, que es también cómo nos enamoramos. Hay un poeta gallego que escribió “Yo no soy cómo te amo”. Es ese grado de idealización, por eso es tan difícil pasar del enamoramiento al amor con sus virtudes y carencias. El enamoramiento es un malentendido.

En todo momento describe cómo lleva el pelo Lucía y Lucía gusta desde el principio.
Es una característica del personaje, que se cuida y se gusta. No sale peinada de un modo casual. La gente lo está acogiendo con entusiasmo y eso hace que cuando acabas el libro, la historia se queda.

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