Lunes 10.12.2018

Jorge Eduardo Benavides gana el XXV Torrente Ballester con “El enigma del convento”

Cuando Jorge Eduardo Benavides regresó a su ciudad, Arequipa, encontró en el convento de Santa Catalina una historia. Que metió en su maleta de vuelta a casa para cocinar en Madrid una novela histórica donde lo que priman son las relaciones humanas por encima de los datos.

El jurado eligió ayer la propuesta de Benavides por su ágil lectura y su rigurosidad histórica	pedro puig
El jurado eligió ayer la propuesta de Benavides por su ágil lectura y su rigurosidad histórica pedro puig

Cuando Jorge Eduardo Benavides regresó a su ciudad, Arequipa, encontró en el convento de Santa Catalina una historia. Que metió en su maleta de vuelta a casa para cocinar en Madrid una novela histórica donde lo que priman son las relaciones humanas por encima de los datos. Esto fue una de las cosas que más le gustó al jurado del vigésimo quinto Torrente Ballester. La ágil lectura.
Fue así como el peruano recibía en su 49 cumpleaños el mejor de los regalos. Una llamada. Al otro lado del teléfono, la vicepresidenta de la Diputación, Mariel Padín, le comunicaba que había ganado el prestigioso galardón. Lo hacía justo cuando Benavides se disponía a llenar su carrito de la compra. Desde ese momento, su teléfono ya no dejaría de sonar.
Amablemente, Jorge Eduardo contestó uno a uno, a todos los que le requerían para felicitarle y no dejaba de repetir que, además de la alegría que suponía conseguir una distinción así, estaba el hecho de que llevara el nombre de uno de sus referentes junto con Delibes: “De él admiro su gran capacidad de trabajo y el prestigio intelectual. Los gallegos son un pueblo emigrante de gran proyección”, y, en este sentido, Benavides, destacaba del ferrolano su vitalidad.
Su historia se suma a la larga lista de premiados con la rigurosidad de quien domina el trozo de la historia que corresponde a 1808 y el conocimiento de quien vivió en las dos orillas del Atlántico.
De la documentación que manejó, Benavides decidió colocar en su historia al general José Manuel de Goyeneche, que fue enviado por el rey Fernando VII a Perú para controlar los movimientos independentistas: “Él cruzó España para sofocar las rebeliones”. Para espolvorear la trama de intriga, el autor situó en el convento que veía desde pequeñito unos papeles secretos. Con los ingredientes necesarios para hacer magia, el ganador introdujo al amor y también al desamor en sus personajes y quiso materializar en las páginas “un ajuste de cuentas” por ser peruano de nacimiento y madrileño, de adopción, en un mundo que se repite, porque “las independencias no son tan claras y la lectura es bastante actual”.
“El enigma del convento” hace pensar sobre el significado de las grandes decisiones en personas comunes. A unas las tiñó de conformistas, acostumbradas a una nacionalidad española que, en realidad, no era la suya. A las otras, les dio el papel de revolucionarias. Y su texto voló hasta A Coruña, justo al otro lado del Atlántico, para hacerse con un hueco entre el historial de nombres que pueblan el Torrente Ballester. Que cumplirá este año 25 años con mesas redondas, exposiciones y una publicación.

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