miércoles 23/9/20

Un incubador con apariencia de horno llega al Muncyt

Mil gallegos pasaron sus primeros días en la máquina donada por el Belén

El Ideal Gallego-2013-10-05-014-83fc688c
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En un artefacto con apariencia de horno industrial, más de mil gallegos pasaron los primeros días de sus vidas. El incubador de células en el que se desarrollaron los embriones de los que hoy tienen entre 15 y 25 años es desde ayer uno más en la familia de objetos del Muncyt. Una de las que lo utilizaron durante el decenio que transcurre entre 1989 y 2000, la doctora Paloma Ron, hablaba que aunque ahora este tipo de aparatos son una especie de sandwicheras con microscopio incorporado para evitar que se muevan las células de sitio, la magia se ido de alguna forma con la innovación.
Y es que la directora de la Unidad de Reproducción Humana de la Maternidad en el Belén recuerda cómo cada mañana abrir la puerta del incubador era “un momentazo”. Porque por fin los especialistas comprobaban cómo habían pasado la noche las células que habían sometido a la atmósfera y condiciones adecuadas y si se había conseguido o no el desarrollo del embrión que se esperaba.
Ron todavía recuerda los inicios. Cuando su hermano Ángel Ron apostó por dar un paso más y abrió el laboratorio de Fecundación In Vitro (FIV) en 1987 siendo el primer centro gallego en hacerlo y uno de los primeros españoles del ránking. Como suele ocurrir, su hermana señala que el comienzo no fue fácil porque al principio “estas técnicas estaban mal vistas por la sociedad” e incluso tuvieron que quitar los cartelitos con los nombres de los pacientes porque la gente llegó a creer que se hacían cosas raras con ellos.
Un cuarto de siglo más tarde y con el tema de la reproducción asistida ya asimilado, el incubador pasará sus últimos días de vida en el museo nacional junto a otras joyas del patrimonio científico. Para recordar que allí entre las bandejas dormitaron los primeros gallegos que saludaron al mundo gracias a la fecundación in vitro. Ahora que con un iPad los doctores pueden ver lo que pasa dentro de esos cultivos, el incubador que un día fue una novedad estrella en el campo de la reproducción se convierte en pieza museística.
Contaba la directora de la sede de Madrid, María José Jiménez, que al contrario que los centros etnográficos o históricos, los integrantes de la colección del Muncyt no tienen necesariamente que encontrarse en su senectud. La tecnología avanza a un ritmo tal que la gente que lo visita se da cuenta que tiene auténticos tesoros en sus casas y las donaciones de particulares y colectivos son la fuente principal de riqueza. Ellos se encargan de autoabastecerlo. Y es por eso que el incubador, decía el responsable Ramón Núñez, recordará desde su parcela que un día hizo feliz a muchos coruñeses. n

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