martes 19/1/21

El humor blanco que embotellan los náufragos de Carlos Díaz-Pache

El dibujante ferrolano presentó ayer en la Librería Arenas su libro “Náufragos”, en donde recopila las reflexiones de sus personajes, que nos contemplan desde su diminuta isla 
Carlos Díaz-Pache, en la Librería Arenas | pedro puig
Carlos Díaz-Pache, en la Librería Arenas | pedro puig

Para algunos, la vida es un naufragio, pero eso no es necesariamente malo, si te da la oportunidad de llegar a una isla que convertir en tu refugio contra las locuras del mundo. Eso le pasa a los náufragos de Carlos Díaz-Pache, que aunque tengan la oportunidad de regresar a la civilización siempre prefieren volver a su pequeño islote, donde pueden hacer sus observaciones sin que nadie les censure o les moleste, como mensajes en una botella.

Durante 20 años, este ferrolano y jubilado de banca colaboró a diario en El Ideal Gallego, y ayer presentó su libro, “Náufragos”, en la Librería Arenas. Son cien ilustraciones “atemporales”, como a él le gusta llamarlas. “No puedes publicar en un libro las mismas que en un periódico, porque allí siempre se está hablando de actualidad. El lector no lo entendería”, explica. 

En este volumen, hace hablar a sus náufragos de lo divino y lo humano: Tras tantos años, los mira con cariño: “Están metidos en la isla, pero tienen periódicos, la tele, la radio y van y vienen del continente. Pero llevan tanto tiempo allí que fuera no se encuentran en su ámbito”.
Algunas de las viñetas hacen referencia al Covid, como cuando salen aplaudiendo a los sanitarios. “Aplaude bajito, para no molestar a los que están en el hospital”, le dice uno al otro. 

Porque el humor de Díaz-Pache es blanco y eso diferencia su obra de la de otros humoristas, más ácidos. “No me gusta criticar, siempre muy blanco, sin acritud”, reconoce. Por ejemplo, nunca menciona a ningún partido ni a un político en concreto, aunque reconoce que la actualidad está muy revuelta. ”Hoy día, con lo que está cayendo se puede hacer uno o tres diarios”.

Como artista, el dibujante aprecia la libertad de expresión y por eso siente envidia de la independencia de sus creaciones: “Y ellos son libérrimos, no tienen nada que les coarte, ni jefe y ni gente”. Ni siquiera él les pone límites: siempre les ha permitido expresar todo lo que tienen que tienen que decir.

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