Lunes 10.12.2018

Las fuentes coruñesas con más solera

La fuente de Neptuno situada en la plaza de Santa Catalina es la más antigua de la ciudad coruñesa y anterior a la de la Fama, aunque con un escaso margen de tiempo. Fue realizada en piedra y representa al dios de las aguas del mar.

Las fuentes de Neptuno y de la Fama
Las fuentes de Neptuno y de la Fama

La fuente de Neptuno situada en la plaza de Santa Catalina es la más antigua de la ciudad coruñesa y anterior a la de la Fama, aunque con un escaso margen de tiempo. Fue realizada en piedra y representa al dios de las aguas del mar. Porta la corona sobre su cabeza, destacando su soberbia barba, la mano izquierda sujeta con firmeza el tridente y con la derecha sostiene el escudo que lleva grabada la antigua Torre de Hércules.
Dicha fuente sería diseñada por Juan Pascual de Mena, en Madrid, en 1782, y obra de Fernando Domínguez Romay, realizada en 1791 durante el reinado de Carlos III. 
Llegó a ser para el Ayuntamiento un cúmulo de problemas, lo mismo que para los vecinos, durante todo el siglo XIX, al estar reservados sus dos caños de agua para diferentes usos: uno para el servicio del pueblo en general y el otro para dar de beber a los caballos. Los abusos en ambos casos eran cosa diaria y el problema se antojaba difícil de resolver pese a las ordenanzas publicadas en los años de 1840 y 1845. 
Por eso, el Municipio en 1857 dispone de nuevo que los que hacen servicio de dicha fuente tengan presentes las ordenanzas anteriores que eran de obligado cumplimiento, no solo para este surtidor, sino para todos los de la ciudad. 
En esas ordenanzas se disponía que se guardase el turno por riguroso orden de llegada y que no se tomase más que una vasija por ronda, dejando el otro caño libre para los caballos –aunque siempre que no hubiese animal alguno en el mismo se podía tomar agua de aquel caño–. También se disponía que por las noches y hasta las nueve de la mañana se podían hacer labores del lavado de ropa en aquella fuente, lo que no se podía hacer por la noche era llevar pipas de agua, ya que para este cometido estaban las fuentes de la Fama –por entonces en La Marina y cuyo lugar dio origen a la actual calle de La Fama– y la de la capilla de San Andrés.
Por su parte, la fuente de la Fama o del Ángel, se dedica a la diosa fortuna y es diseñada por Fernando Rodríguez Romay entre 1791 y 1792, realizando la escultura Antonio Pernas un año después. Al principio se situó en una plaza de Riego de Agua en confluencia con La Marina, pero cuando el Ayuntamiento revisa su plan urbanístico, lleva esta fuente a la plaza conocida como de San Andrés en 1882, ya que en el antiguo solar se pretendía edificar en los denominados números 7, 9 y 11 de la calle de Riego de Agua.
Cerca de aquel lugar se colocaría una fuente de vecindad que recibió el nombre de fuente de Montoto, mientras que la de la Fama se ubicaría en el lugar que antes había ocupado la famosa fuente de San Andrés.

ordenanzas
Las ordenanzas por las cuales se regían los estatutos de las fuentes datan de 1840, en que se hacen públicas las obligaciones de los vecinos. Estas son fijadas en unas tablas y en cada una de las fuentes del servicio público como consecuencia del uso indebido que se estaba haciendo de todas las fuentes de la ciudad, como era dar de beber al ganado, lavar pescado o prendas de ropa. 
Normalmente un canal de agua estaba reservado al servicio del pueblo y otro para los aguadores, pero en 1845 se hace pública la ordenanza por la que se debía regir esta fuente, de modo que sus cuatro caños quedan divididos de esta forma; uno destinado a la tropa, cárcel y Hospital Militar, otro para los criados, el tercero para los aguadores y el último a las aguadoras.
Siempre que quedase algún caño libre, este sería usado por el pueblo mediante riguroso orden de llegada, a condición de que cuando hiciese acto de presencia alguno de los antes mencionados debían dejar libre dicho caño para el servicio de los recién llegados. La condición primaba sobre los aguadores y aguadoras y luego se extendía a toda la población en general. La regla primordial era que no se podía traficar con el agua, solo con el servicio, y el lavadero debía estar siempre lleno para surtirse en caso de incendio.
La imagen que adorna esta fuente es la de un joven que porta una trompeta, desde hace años desaparecida. El ángel anunciador simulaba anunciar las buenas nuevas; a su lado y sostenido por su mano, un escudo en el que reluce un espléndido sol, como reflejo de su poder. Todo este conjunto artístico-histórico es de un excelente acabado en piedra. Aunque no conserva los hierros en donde se depositaban las sellas o recipientes en los que se tomaba el agua de los caños, muestra las muescas en la propia piedra en donde estaban situados.

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