miércoles 23/9/20

Las fronteras lumínicas que separan A Coruña y Vigo

Con el debate de las luces de Navidad en la calle y las redes sociales hirviendo con los primeros selfis inevitablemente surgen las comparaciones entre las distintas ciudades gallegas.

Las fronteras lumínicas que separan A Coruña y Vigo

Con el debate de las luces de Navidad en la calle y las redes sociales hirviendo con los primeros selfis inevitablemente surgen las comparaciones entre las distintas ciudades gallegas. A Coruña se convirtió ayer en la última de las siete grandes urbes en encender su decoración lumínica. Además lo hizo con polémica porque, mientras el alcalde ofrecía un discurso a media luz, muchas de las calles de los barrios ni siquiera contaban con un arco que indicase que las fiestas están a la vuelta de la esquina, algo que provocó el plantón de los comerciantes. Pero es que además no todos los elementos que se han colocado son del agrado de los vecinos.
Más allá del árbol del Obelisco o de la “Estrella de la Muerte”, la nueva “arielita” o bombo del sorteo del día 22, según a quién se le pregunte, y las farolas espectaculares de La Marina, hay resplandores que han causado estupor. Es el caso de las lentillas de Juan Flórez, los cables “tirados” en la peatonal de la plaza de Lugo o el pollo listo para trinchar el resto del menú en la calle de Santiago, en la Ciudad Vieja. También de la indescriptible Torre de Hércules de San Andrés.
Las comparaciones resultan odiosas pero en la era de las redes sociales son inevitables. Los timelapse y las galerías de imágenes con la apuesta lumínica de Abel Caballero en Vigo hacen sonrojar a la instalación elegida por el Gobierno municipal. En el sur de Galicia, además del árbol piramidal, al dinoseto lo acompañan estos días un tremendo oso con gorro de Papá Noel y otros arcos marcados por la elegancia. Los hay en las calles más céntricas apenas sin espacio entre ellos y también en las principales arterias de tráfico, en las que las típicas bolas de colores aportan algo de entretenimiento durante los atascos.
Por contra en A Coruña los arcos aparecen más espaciados, incluso en las calles peatonales, y en la noche de ayer muchos de ellos estaban por colocar. De hecho, gran parte de la ornamentación que se iluminó el martes junto a la plaza de María Pita terminó de instalarse en la madrugada anterior.
Quizá la clave del contraste lumínico está en el presupuesto invertido en cada una de las dos ciudades. En Vigo se gastaron más de 400.000 euros frente a los 335.000 de A Coruña, que inicialmente iban a ser menos pero que crecieron por la falta de tiempo para realizar otras actividades y la recolocación de las partidas económicas.
Mientras el Ayuntamiento destacaba sus 107 puntos de luz y los cien arcos a mayores a petición del comercio de proximidad, en el sur de Galicia ya brillaban 704 arcos transversales, 831 motivos en las farolas y dos millones y medio de bombillas led. Todas ellas consiguieron sumar más de 1.500 ornamentos y 150 calles decoradas al máximo.

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