Lunes 10.12.2018

La fábrica de cerillas más importante en A Coruña

Poco se ha estudiado acerca de las fábricas de cerillas que tenía A Coruña en el siglo XIX-XX, aunque había una muy interesante  denominada La Vasco-Galaica. Sus instalaciones estaban emplazadas en un recinto amurallado, que subía paralelamente por la calle Falperra, bajando por Castiñeiras de Arriba, hasta el lugar de Vera. 

Imagen de las instalaciones ubicadas en el entorno de la Falperra
Imagen de las instalaciones ubicadas en el entorno de la Falperra

Poco se ha estudiado acerca de las fábricas de cerillas que tenía A Coruña en el siglo XIX-XX, aunque había una muy interesante  denominada La Vasco-Galaica. Sus instalaciones estaban emplazadas en un recinto amurallado, que subía paralelamente por la calle Falperra, bajando por Castiñeiras de Arriba, hasta el lugar de Vera. 
Era una gran extensión, hoy completamente urbanizada, en cuyos terrenos se alzan numerosos bloques de viviendas e incluso la iglesia de San Pedro de Mezonzo. 
El 9 de junio de 1906, sus instalaciones ardieron. El propietario era entonces Gabriel Arambillet, después de que su hermana hubiese enviudado de Enrique Zaragüeta, el fundador. A pesar de aquel suceso, la fábrica retomó su actividad en 1908. 
Por aquellos años, la plantilla la componían 90 mujeres y 12 hombres. Dedicaban sus horas a hacer una producción a destajo, y sus salarios oscilaban entre los cinco y ocho reales por día. El de los maquinistas estaban entre los siete y diez reales.

Sus orígenes
Su fundador Enrique Zaragüeta había dejado atrás su Guipúzcoa natal, huyendo de las consecuencias de las Guerras Carlistas que asolaron España. Se asentó en A Coruña, y adquiriendo los terrenos de Castiñeiras de Arriba, donde antes se hallaba instalada una fundición que había sido propiedad de Manuel Solórzano
Construyó en aquella finca las edificaciones para la elaboración y almacenaje de sus productos. Importó la maquinaria para la fabricación de los fósforos. Así, pudo comenzar con la producción de cerillas en 1871. En la ciudad ya había otros dos fabricantes más: la fábrica Manuel Docampo y Campos, que estaba ubicada, posiblemente, en la zona de la GAiteira, entonces municipio de Santa María de Oza. También se hallaba la de Antonio Bescansa, fundada sobre 1840 y se situaba en la zona del Orzán.
Sin embargo, en 1892 se implantó el monopolio estatal del fósforo y se acaba con la competencia entre los fabricantes. El Estado se convierte en el propietario de los derechos y arrienda estos sobre la explotación al gremio de estos productos por un plazo de 15 años.
Este alquiler suponía el pago de un canon anual de 4.250.000 pesetas en su conjunto para toda España, de modo que solamente sobrevivieron 55 de las 87 fábricas de las existentes en todo el territorio nacional.
En el caso de la ciudad herculina, de las tres fábricas que había, solo la de Zaragüeta sobrevivió. En tanto que Manuel Docampo, acabó totalmente arruinado y Bescansa, antes de que le sucediese lo mismo decidió optar por el cierre definitivo de sus instalaciones.
Por tanto, la fábrica de Zaragüeta, reconstruida después de dicho incendio, fue aumentando su producción de manera paulatina, gracias al auge de los fósforos acaecido en el primer tercio del siglo XX.
Es entonces cuando alcanzó su máximo rendimiento, tanto en productividad como en empleo. En el ocaso del Directorio Militar de Primo de Rivera en 1929,  daba trabajo a 350 operarios, sobre todo a mujeres.
A pesar de este buen momento, la cadena productiva tuvo numerosos contratiempos. Cada poco tiempo sufría los retrasos en la llegada de las materias primas que procedían del exterior.
En concreto, necesitaba para la fabricación de cerillas clorato de potasio, cola, estearina, vidrio molido, algodón o resina, entre otros. Por ejemplo, el fósforo vivo llegaba de Inglaterra, recubierto de agua y envasado en cilindros de hierro galvanizado. 

Urbanización
La fábrica de Zaragüeta permaneció abierta hasta mediados de la década de los años cincuenta del pasado siglo XX. 
Por motivos de urbanismo, desapareció todo el conjunto industrial y con los años aparecerá una nueva zona llena de edificaciones.
Según un proyecto del Ayuntamiento con fecha de 21 de junio de 1910, aquella extensión a urbanizar abarcaba desde la calle de la Falperra, camino de Nelle y carretera de Coruña-Madrid. Según el plan de Ensanche, aprobado por RD. de 24 de mayo, la extensión finalizaba en la carretera general. Seguía por el arroyo de los Judíos y esquina al suroeste de la fábrica de cerillas. 
La extensión quedó dividida por calles de a 10 a 15 metros y la instalación circundada de vías con diversos anchos.

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