Viernes 15.02.2019

El espíritu “maker” aviva el conocimiento

Desde robots subacuáticos capaces de soplar al género humano lo que subyace en buques encallados a las impresoras 3D, que se expanden como un árbol genealógico donde unas son las madres de las otras, la feria tecnológica OSHWDem confirmó que la ciencia se mueve.

Las distintas asociaciones confirmaron en el museo que el espíritu maker está de moda patricia g. fraga
Las distintas asociaciones confirmaron en el museo que el espíritu maker está de moda patricia g. fraga

Desde robots subacuáticos capaces de soplar al género humano lo que subyace en buques encallados a las impresoras 3D, que se expanden como un árbol genealógico donde unas son las madres de las otras, la feria tecnológica OSHWDem confirmó que la ciencia se mueve. Lo hace a través de sistemas libres al alcance de todos y la colaboración de los que, como ellos, están enganchados al espíritu maker de “hazlo por ti mismo”. 
De esta forma, la Domus celebró la Semana de la Ciencia con la puesta en escena de agrupaciones como la coruñesa BricoLabs, que expuso al público hologramas de Songoku e hizo masticable todo lo que llevan aprendido a fuerza de ensayo-error en el propio museo. 
Los autores del proyecto XeoPesca presentaron una solución low cost para que los gobiernos no inviertan tanto dinero en sumergir buzos. Hoy no es necesario. Tampoco por el aire. Y es que a pocos metros, el experto en drones José Manuel Miranda, de la firma Aerial Works, hablaba de las ventajas de poner a estos bichos a volar porque se consiguen fotografías hasta de la finca más recóndita y aunque todavía está por acotar su funcionamiento con una ley que se aprobará el año que viene, el especialista señaló que la norma apunta a que desde el estado abrirán la mano para que los drones sobrevuelen el cielo urbano. 
Desde una tarde a varios días calcula José Manuel que tarda en construir una de estas piezas con alas. Detrás, hay muchos años de afición al aereomodelismo. Desde BricoLabs también aprovecharon para poner a desfilar sus escornabots, que tienen programados para que se desplacen al frente diez centímetros y dibujen ángulos de 90 grados. Contaba Noa que incluso el viernes por la noche dieron con la fórmula para cambiar la distancia a recorrer y los giros: “Este modelo de aprendizaxe pódese exportar ás escolas para que os pequenos saiban sobre as pezas, que non é maxia, e se acheguen de forma construtiva á tecnoloxía”. Y es que el campo se abre cada vez más a la experimentación. Es desmontable. 
Un ejemplo claro está en las impresoras 3D, que nacen gracias a una cadena donde de una se crea otra nueva y así hasta conseguir las 536, que, según  Juan González, están registradas en España. El madrileño, que es uno de los que impulsó el fenómeno en el país, confeccionaba ayer en la Casa del Hombre el árbol genealógico de las que tienen hasta nombres y apellidos. Todo surgió después de que Juan asistiese a la conferencia del ingeniero británico Adrian Bowyer sobre la capacidad de replicarse de estos aparatos: “Vi las primeras piezas y me emocioné. Pensé que esto lo tenía que conocer la gente”. 
Así fue cómo comenzó a colgar tutoriales en internet y engendró una comunidad que evoluciona no solo en número sino en la calidad de sus criaturas: “De cada cinco piezas que generaban las primeras, solo salía una buena”.

Comentarios