viernes 25/9/20

Detenido un vecino de Labañou por matar a su hijo de once años

Los residentes de la calle Ultramar, en el corazón de Labañou, comentaban ayer consternados la noticia del asesinato de un niño de once años a manos de su padre, M.J.M.M., de 42 años, un vecino de esa misma calle.

La Policía Nacional reconstruyó los hechos con ayuda del propio detenido, incluyendo el hotel donde se alojó tras el crimen y el lugar donde escondió el cuerpo | Cabalar/ Pedro Puig
La Policía Nacional reconstruyó los hechos con ayuda del propio detenido, incluyendo el hotel donde se alojó tras el crimen y el lugar donde escondió el cuerpo | Cabalar/ Pedro Puig

Los residentes de la calle Ultramar, en el corazón de Labañou, comentaban ayer consternados la noticia del asesinato de un niño de once años a manos de su padre, M.J.M.M., de 42 años, un vecino de esa misma calle. El asesino confeso, que sufre problemas mentales, lo había recogido el sábado de brazos de su madre, de la que estaba divorciado desde hacía años, para pasar el fin de semana con él, según marcaba el régimen de visitas. El crimen habría tenido lugar el domingo, en la zona de A Barra, en la parroquia de Rodeiro, en el municipio de Oza-Cesuras, de donde es natural la familia materna. La investigación apunta a que el padre llevó allí a su hijo, le golpeó en la cabeza y luego escondió el cuerpo.

Fue su madre, conserje en el cercano colegio de San Francisco Javier, la que dio la voz de alarma cuando su exmarido no entregó el niño en el plazo acordado. “Ella lo sabía”, aseguran los vecinos. Pero, a pesar de la rápida reacción de las autoridades, no se pudo evitar que el suceso terminara en tragedia. Ayer por la mañana, la progenitora tuvo que identificar el cadáver de su hijo, al que previamente se le había realizado la autopsia para determinar las causas de su muerte. Según las informaciones que han trascendido, un golpe con un objeto contundente en la cabeza.

Trastornos psiquiátricos
El último lugar donde se vio con vida al menor fue en el bar Pico fino. “El padre se pasaba el día allí. Esa era su rutina: ir a por tabaco, al bar, jugaba a la máquina y luego volvía a casa”, explica un vecino de la zona.
Hacía años que M.J.M.M. no ejercía su oficio de electricista y que sufría trastornos psiquiátricos (brotes de esquizofrenia, según fuentes cercanas al caso) para los que se medicaba.

“Estaba todo el día yendo al bar, apenas saludaba”, señaló una señora. Otro joven de la zona compara su actitud con la de un “zombi”.

Tras la ruptura con su mujer, que había rehecho su vida con otro hombre, se había vuelto a instalar en la casa de su familia, situada en la calle Ultramar, donde convivía con su madre, su hermana y su hermano. Sin embargo, esa convivencia no estaba exenta de tensiones. “Se peleaban. Yo les oía discutir”, asegura un residente de la calle, aunque otros apuntan a que la familia “nunca dio ningún problema”.


Empapado en sudor
Pero testigos presenciales aseguran que el domingo M.J.M.M. no había bebido. Había recogido a su hijo el sábado por la tarde, y al día siguiente, acudió como solía hacer al bar del que era parroquiano con el menor.

“El niño era muy bueno, muy simpático, inteligente. Se pasaba el día con la consola, como aquí hay wi-fi...”, explican. Ese día, el padre estuvo en el bar hasta pasada la una de la tarde y consumió solo un refresco antes de abandonar el local con el niño. Volvió horas después, empapado en sudor, que se secó con papel higiénico sin responder a las preguntas de nadie.

Tomó otro refresco antes de regresar al hogar materno en Ultramar. Sin embargo, no pernoctó allí, quizá porque sospechaba que su mujer le buscaría para exigir que le entregara al niño. En vez de eso, se dirigió a un hostal de la avenida de San Roque de Afuera, el Cristal II, y allí pasó la noche del domingo al lunes.

Mientras tanto, la Policía Nacional vigilaba su casa, como pudieron comprobar los vecinos desde las ventanas. Al mismo tiempo, se radió la orden de búsqueda de su coche. Al día siguiente, el sospechoso fue detenido en la habitación del hotel en torno a las siete y media de la tarde. Según fuentes de la Policía Nacional, nada más ver a los agentes se derrumbó y confesó lo que había hecho.

Reconstrucción de los hechos
Los investigadores reprodujeron al día siguiente los hechos, acompañados del sospechoso esposado, que les señaló el lugar del crimen, un lugar apartado de la parroquia de Rodeiro que él conocía porque los tíos maternos del menor habían regentado hace años una taberna por la zona. Los investigadores también inspeccionaron la vieja casa familiar, donde no reside nadie, antes de dirigirse a la zona arbolada donde la Policía Científica recuperó el cuerpo.
El detenido habría llevado una pala que habría usado para golpear en la cabeza a su hijo en un camino antes de esconderlo entre los helechos. Esposado, condujo a los inspectores al lugar donde había dejado a su hijo. El mismo donde sus instrucciones habían permitido localizarlo a las once de la noche del lunes.

Comentarios