Martes 11.12.2018

La desaparecida ermita de San Roque

Esta preciosa y humilde ermita de San Roque y San Sebastián desapareció en 1947. El templo se encontraba frente a la calle del Hospital y acogía en él al patrón San Roque de la ciudad coruñesa, compartiendo patronazgo con la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.

Un grupo de personas posa delante del antiguo templo
Un grupo de personas posa delante del antiguo templo

Esta preciosa y humilde ermita de San Roque y San Sebastián desapareció en 1947. El templo se encontraba frente a la calle del Hospital y acogía en él al patrón San Roque de la ciudad coruñesa, compartiendo patronazgo con la Virgen de Nuestra Señora del Rosario.
El origen de esta modesta ermita data del siglo XVI, cuando en 1573 Domingo Longa hizo testamento ante Juan López de Taibo. Dejaba a la Congregación de los Mártires Santos Sebastián y Roque seis ducados como ayuda de terminar las obras de la ermita. Lo mismo haría Juana de Vega, dama coruñesa que había sido Aya de la Reina Isabel II, la cual hizo donación de sus bienes a dicha capilla de San Roque para su sustento del culto y de las reparaciones necesarias.
En esta capilla se reunían y vestían los Hermanos de la Paz y la Caridad, quienes tenían que dar cumplimiento al encargo de acompañar a los reos que eran conducidos a morir en la horca en el entonces conocido como Campo de la Horca. Pero también Campo de la Leña. En este lugar purgarían las penas por las cuales habían sido juzgados Sinforiano López Aliá y Juan Díaz Porlier, más conocido como “El Marquesito”, por su ideario liberal en 1815.

el sostén de los vecinos
Esta capilla pertenecía a la parroquial de San Nicolás y estaba sostenida por sus vecinos. En la parte lateral que daba al Campo de la Leña se hallaba un túmulo cubierto, donde eran expuestos los cuerpos de los ajusticiados en la horca en aquel campo de su mismo nombre. Fue donde también fue expuesto el del célebre Díaz Porlier. Cuando se fraguó el triunfo liberal de 1820, en dicha ermita se levantó un panteón para depositar en él los restos de Porlier, que hasta ese momento descansaban en el convento de San Francisco, pero cuando regresó el absolutismo en 1823 aquellos restos fueron depositados en el altar consagrado a San Antonio para evitar la profanación de su tumba.
Hay un hecho curioso sobre una consulta llevada al pleno municipal el 9 de junio de 1837 cuando el Ayuntamiento desconocía ser el propietario de esta capilla. José Gasparini y Antonio Biroli, por medio de una instancia y como encargados de la Hermandad del Bendito San Roque, pidieron al concejo como patrono y propietario que era de dicha capilla, según fundación que citaban, que procurase evitar que se recogiese la plata inventariada que existía en ella.

necesidades urbanísticas
El Ayuntamiento aprobó que los interesados manifestasen los datos en que se fundaban la propiedad que se atribuía a dicha corporación. Es por este motivo que el Ayuntamiento coruñés se enteró de que la capilla de San Roque era de patronazgo municipal. En 1939 el Ayuntamiento llegó a un acuerdo con el Arzobispo de Santiago, por medio del Abad de la Real Colegiata de Santa María del Campo, para demoler la citada capilla de San Roque debido a necesidades urbanísticas de la zona. A cambio, el Cabildo compostelano recibiría un terreno situado en el Campo de Marte donde se podía levantar un nuevo templo, el cual llevaría el nombre de Santo Tomas, en honor de aquella amplia barriada así denominada desde antiguo.
La demora en los planes de ambas administraciones hará que en 1940 la capilla de San Roque, de un modo provisional, se pasase a denominar de Santo Tomás. No fue hasta el 22 de julio de 1945, mediante una sesión plenaria del Ayuntamiento coruñés, cuando se hizo la permuta definitiva de la capilla de San Roque, la cual ocupaba en su primitivo emplazamiento una superficie de 246 metros cuadrados.
Dicha capilla era de un aspecto muy modesto, al igual que el barrio que la acogía, pero tenía un atractivo singular, la efigie de San Juan. Mientras, su estilo arquitectónico era del tipo renacentista, siendo la única ermita de la ciudad levantada en este género. Cuando fue demolida esta capilla en 1947 aparecieron unos restos en lo que había sido su nave izquierda, que se especuló que podían ser los de Díaz Porlier, sin saber a ciencia cierta a donde fueron a parar dichos restos. Mientras, en el lugar que ocupaba aquella antigua ermita, se levantó una especie de pequeñas galerías dedicadas al comercio, con una terraza en su parte superior, en lo que hoy es la calle de San Roque, esquina con el Campo de la Leña.