jueves 22/10/20

De parranda al borde del abismo

El Ideal Gallego-2011-12-23-019-672a019f

    reportaje de A.p.  .

una resaca peligrosa -  insólito rescate

Fue una llamada “urgentísima” la que llevó a los bomberos a lo alto del falso túnel de Salgado Torres donde parecía que un hombre corría peligro de precipitarse a la calzada, quince metros más abajo, pero pronto descubrieron que la presunta víctima no era tal y que ya había caído todo lo bajo que iba a llegar ese día después de haber rozado lo la cumbre durante la noche pasada.

El Ideal Gallego-2011-12-23-019-672a019f

    reportaje de A.p.  .

una resaca peligrosa -  insólito rescate

Fue una llamada “urgentísima” la que llevó a los bomberos a lo alto del falso túnel de Salgado Torres donde parecía que un hombre corría peligro de precipitarse a la calzada, quince metros más abajo, pero pronto descubrieron que la presunta víctima no era tal y que ya había caído todo lo bajo que iba a llegar ese día después de haber rozado lo la cumbre durante la noche pasada. Ni siquiera era un indigente, como se suponía en un primer momento: la persona tendida en el parterre no era más que un joven extranjero de alrededor de 20 años que había decidido echarse allí mismo una siesta para recuperarse de los excesos de la noche. Estaba tapado con una manta blanca y cuando se acercaron los efectivos de Cruz Roja, se resistió, enfrentándose a los que trataban de ayudarle.
Fue por su actitud agresiva, unida al hecho de que se encontraba al borde de una gran caída, por lo que se alertó al servicio de bomberos. “Nos llamaron de urgencia y en un principio llevamos el Land Rover con la camilla y todo el equipo para trabajar en acantilados”, explica el jefe de bomberos, Carlos García Touriñán. Cuando llegaron, el joven había vuelto a envolverse en su manta, y estaba dormido. No despertó hasta que cuatro bomberos, agarrándole cada uno por una extremidad, le tocaron.
Por precaución, los bomberos emplearon el arnés para sujetarse a la barandilla antes aproximarse al joven pero el jefe de la dotación, el sargento Joaquín Díaz, explicó que “apenas forcejeó un poco y enseguida nos acompañó sin ofrecer más resistencia”. Quizá fuera porque comprendió que era inútil, o quizá porque reaccionó de forma menos negativa al darse cuenta de que se trataba de bomberos, y no de la Policía Local que le podía pedir cuentas de su comportamiento. “En general, nos suele pasar que cuando la gente nos ve, se calma”, reconoce el sargento.

Inmovilizado > En todo caso, los sanitarios de Cruz Roja no corrieron riesgos y emplearon cintas para inmovilizar al joven a la camilla. Ya pasado el mal humor del momento, y en lo que los testigos describieron como un avanzado estado de alcoholemia –“estaba tan borracho que ni podía hablar”, dijo uno de ellos– pareció aceptar el obligado viaje al hospital y levantó la mano para saludar a todos los que contemplaban hasta que lo introdujeron en la ambulancia.


 

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