miércoles 20.11.2019

David Trueba | “El lector decide, pero tú te tienes que apropiar del ritmo”

A David le gusta decir que es una novela con estructura de disco, letras de canciones que dan pie para contar la vida de Dani Mosca, un músico que viaja en coche fúnebre junto al cuerpo

El autor contó que nunca en un relato había abarcado una biografía entera  | pedro puig
El autor contó que nunca en un relato había abarcado una biografía entera | pedro puig

A David le gusta decir que es una novela con estructura de disco, letras de canciones que dan pie para contar la vida de Dani Mosca, un músico que viaja en coche fúnebre junto al cuerpo de su padre y un chófer que le entrevista. Y así desarrolla planteamiento, nudo y desenlace. David Trueba habló ayer de “Tierra de Campos” (Anagrama) en la Fundación Seoane, donde las letras se visten de otoño. Allí, contó que nunca en un relato abarcó una biografía entera y a golpe de estribillos, le da un “orden emocional, de manera que las capas son invisibles”.
El lector no las ve y vuela, en parte, por ese don de ver la jugada desde el centro del campo y aunque “el artefacto no sale completo”, lo va modelando al gusto para corregirlo y ajustarlo “como si le apretara las tuercas”. Trueba hace de arquitecto, que es como un músico porque “hay un instinto, que es el que te lleva, pero el impulso no basta. Ahí es donde entra la arquitectura con un primer piso y un segundo, con los pilares”. Y, sobre todo, una emoción que tiene que estar sostenida sobre algo, papel o melodía. Tal vez, película, si le dejan, porque cuenta que tiene un proyecto entre manos, pero le piden condiciones y estrellas de televisión: “Me quieren imponer el reparto, pero para mí es muy personal”.

Así que mientras no llega una nueva peli del pequeño de los Trueba, está “Tierra de campos”, donde pinta una vocación, la de músico, de casualidad, algo que choca con la idea que se tiene de esta raza que parece moverse por la pasión. Después está su padre con manos de trabajar el campo, una subespecie “inexistente” ya, perfecto para provocar el contraste: “Parto de dos puntos muy distantes y llego a la comunión de ambos, que es el elemento más importante de una ficción. Cómo hacer propio algo muy ajeno”. Así que padre e hijo se encuentran de forma natural. Por el camino conoce al conductor del coche funerario, “de esos personajes que te cruzas y te obligan a hace una introspección con la que no contabas”. Trueba lo compara a cuando un paisano confiesa secretos en la barra de un bar que ni su mujer conoce y la literatura fluye con equilibrio, bebe de la repetición, del latigazo, “de frases que arrancan de una manera y terminan de otra”. De drama y de comedia porque “aunque el lector decide cómo leerlo, tú te tienes que apropiar del ritmo”.
David intenta siempre ser auténtico. Lo consigue cuando le paran por la calle y le dicen que vieron a Silvia, de “Saber perder”, cuando acaban el libro y “piensan que han conocido a un montón de gente”. Que han leído vida.

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