viernes 27/11/20

El coruñés Javier Martín reflexiona sobre el tiempo y las relaciones con “Método Negro”

Javier Martín estrena a las 20.30 horas la coreografía “Método Negro” en el teatro Rosalía, que fue toda esta semana un foco de trabajo para los estudiantes de Inef, Tafad y Ciencias de la Salud que abordaron el cuerpo de forma práctica y sin más teoría que la que marcaron ellos mismos.

La estrenará en el Rosalía
La estrenará en el Rosalía

Javier Martín estrena a las 20.30 horas la coreografía “Método Negro” en el teatro Rosalía, que fue toda esta semana un foco de trabajo para los estudiantes de Inef, Tafad y Ciencias de la Salud que abordaron el cuerpo de forma práctica y sin más teoría que la que marcaron ellos mismos.

El coruñés explica que en el proyecto participaron cerca de 800 personas entre bailarines e investigadores, que ha pasado por distintas etapas y tocado Ucrania, Lisboa o Ciudad de México, además de incubar ideas en el teatro Colón, dentro de Residencias Paraíso , promovido por el colectivo RMP. Martín señala que se generó en comunidad como una “práctica en código abierto” con muchos cuerpos sintiendo y moviéndose.
Solo en sus orígenes, “Método negro” empezó a crecer con las aportaciones de 160 alumnos de la escuela de Arquitectura. En el Rosalía, los que asistieron estos días aprendieron a manipular el cuerpo del otro sin ser invasivos, algo muy práctico para gente deportista porque “hay una técnica y después un modo para llegar a ella que es individual”.

En “Método negro”, Martín reflexiona sobre el tiempo y la relación con el otro, “cuánto de fantasía hay en las relaciones con las personas que conocemos o cuando leemos a un escritor de hace tres siglos”. A nivel plástico, Manonolo Cremallera y Marieta González crearon una estructura que es como un órgano abstracto lleno de arena que se pincha y sale en un chorro que va creando una montaña junto a muñecos de madera a modo de instalación cuyas sombras y las de Martín aportan a la mirada nuevas sombras. Después estará la improvisación, que siempre se sube al escenario con el coreógrafo. Es tan indispensable como el cuerpo. Él le da forma según lo que le diga la butaca y la danza acontece, sin más.

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