miércoles 21/10/20
La entidad benéfica denuncia que la pobreza se puede volver crónica por la dificultad de acceso al empleo

La Cocina Económica atendió el año pasado a un 36% de usuarios nuevos

Pocas instituciones benéficas de la ciudad pueden compararse con la Cocina Económica, que lleva 126 años ayudando a las personas más desfavorecidas. Una labor que sigue siendo muy necesaria a día de hoy.

Pocas instituciones benéficas de la ciudad pueden compararse con la Cocina Económica, que lleva 126 años ayudando a las personas más desfavorecidas. Una labor que sigue siendo muy necesaria a día de hoy, incluso en plena recuperación, cuando las cifras macroeconómicas permiten al Gobierno sacar pecho. “Es cierto que existe una pequeña, leve, recuperación, pero está muy lejos de que lo noten las personas”, confiesa Pablo Sánchez, trabajador social de la Cocina Económica, donde se atiende cada año a más de mil personas. En 2017, 396 de este total eran nuevos usuarios que pasaron por su despacho. Las historias que cuentan dejan claro que la falta de salidas laborales en la ciudad está contribuyendo a hacer crónica la pobreza.
Cuando alguien llega a la Cocina Económica en busca de ayuda, una de las primeras personas con las que habla es López. Él se encarga de abrirle una ficha y de anotar en ella todos los detalles de su situación: dónde vive, si tiene familia, su vida laboral, su historial clínico... Todo lo que pueda contribuir a detectar sus necesidades y cuáles de ellas son más prioritarias. Es por eso que en la Cocina Económica tienen una radiografía bastante exacta del fenómeno de la pobreza, que se está volviendo crónica: “Hay una brecha social identificable con una frontera marcada en la que se mueve una bolsa de población”.

1 Los hombres son los que demandan más ayuda
La mayoría de los que recurren a la Cocina Económica son hombres. “En realidad, el perfil no ha cambiado desde que comenzó la crisis económica”, explica el trabajador social. Las razones varían de caso en caso, pero en general, entiende que las mujeres son más resistentes que los hombres y no abandonan la unidad familiar cuando están pasando por un mal momento. “Los hombres son más impulsivos e irracionales”, asegura. Eso significa que cuando ve que la situación está deteriorándose, “cogen la puerta y se van”. En cambio, la mujer “tiene más aguante, soporta mejor la presión”. La contrapartida es que, cuando por fin la mujer se derrumba y recurre a la Cocina Económica, toda esa presión le ha pasado factura: “Su deterioro suele ser mayor”.

2 La falta de formación y el desempleo van unidos
El perfil de usuario de la Cocina Económica más habitual es el de un hombre de entre 40 y 50 años que lleva mucho tiempo en paro. Como mínimo, cinco años, aunque no escasean los usuarios que llevan más de diez sin haber cotizado a la Seguridad Social. Son antiguos trabajadores del sector de la hostelería y la construcción, que se ganaban bien la vida durante la época de despliegue económico, pero que nunca llegaron a formarse debidamente: “No tienen ni cualificación ni formación”.
Su única opción en el mercado laboral es reciclarse, pero se trata de un camino difícil, advierte Sánchez: “Ellos quieren hacerlo, siempre están preguntando por cursos de lo que sea, pero el mercado laboral es muy restrictivo hoy en día, requiere una formación especializada, y ellos no tienen posibilidades de reciclaje”.
La razón es que suelen rechazar su solicitud a los cursos de formación porque muchos no tienen ni la ESO. “Así que entran en una espiral, en un bucle”, describe el trabajador social de la Cocina Económica que asegura que lleva diez años atendiendo a algunas personas.
Como muestra, un botón: el año pasado, solo el 3% de los usuarios que ayudó Sánchez consiguieron darse de alta en la Seguridad Social. Ante este panorama, muchos recurren a la economía sumergida para mantenerse, haciendo cualquier trabajo con el que ganarse unos euros: ya sea descargando camiones o haciendo recados en la plaza de Lugo; lo que sea para salir adelante.

3 Los años duros de la crisis quedaron atrás
De todos modos, Sánchez reconoce que la presión asistencial ha bajado con respecto a los años más duros de la crisis, que fueron 2012, 2013, y 2014. “Después se relajó un poco pero sigue habiendo un goteo”, añadió Sánchez, que atiende a una media de 125 personas al mes. Las personas que acuden a la Cocina Económica son aquellas que han ido agotando poco a poco sus apoyos y la solución para salir de esa tendencia descendente que “se puede complicar hasta el extremo”.
La mayoría recibe una ayuda social, como puede ser la Risga, pero el importe medio de esa ayuda ronda los 400 euros, insuficiente para sus necesidades, incluso para aquellas tan básicas como las medicinas. Pero esa es una ayuda que también ofrecen en la Cocina económica, igual que el reparto de comida o las duchas o el servicio de lavandería. “Resulta difícil de creer, pero el año pasado tuvimos que gastar 16.000 euros en ayudas a medicamentos”, comenta.

4 De la pobreza a la exclusión social
Pero haber perdido el trabajo no basta para hacer caer en la exclusión social. Para que sea así, es necesario sufrir algún otro problema, como adicción al alcohol o a las drogas, padecer problemas de salud, o desestructuración familiar. Lamentablemente, todas estas situaciones se vuelven mucho más frecuentes cuando el dinero escasea. Las discusiones aumentan en el seno familiar, no es posible hacer frente a los pagos de medicina, de manera que muchos se saltan los tratamientos, y se tiende a escapar refugiándose en el alcohol o las drogas.
El trabajador social destaca que ese es el fondo de un pozo que comienza cuando perdieron su fuente de ingresos y además, de una forma acelerada: “Se nota enseguida una vez has perdido el empleo. Todo es muy rápido”. De la misma manera, la integración solo es posible cuando se encuentra un empleo y se convierte en una persona independiente de nuevo. Para López, que ha visto cómo los usuarios de la Cocina Económica tratan una y otra vez de integrarse en ese difícil mercado laboral, es básico: “La diferencia la marca una nómina a final de mes”.

5 Una ciudad muy especial con gente solidaria
Pero siempre queda el consuelo de que reciben apoyo en una ciudad que destaca por disponer de una red social fuerte que permite recoger a las personas cuando caen en el pozo que comenzó con el paro. “A Coruña es una ciudad muy especial”, asegura Sánchez que destaca además que los coruñeses son una gente “extremadamente solidaria”.
El mapa de los recursos sociales coruñés es mucho más rico que en otras ciudades de su tamaño. No incluye solo a la Cocina Económica, sino también a otras instituciones benéficas que existen en la ciudad y que forman una red social muy fuerte, como puede ser el Hogar Sor Eusebia, el Instituto Benéfico Padre Rubinos, Cáritas o Cruz Roja, a lo que se añadió el año pasado el punto Abeiro del Ayuntamiento.

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