sábado 24/10/20

La Cocina Económica alcanza una cifra récord de 320 menús diarios

La entidad social asegura que se han cumplido sus peores predicciones debido a la precariedad laboral
La calle Socorro se llena de personas que acuden a recoger la comida todos los días de la semana | QUINTANA

La reanudación de la actividad tras el parón vacacional no oculta el enfriamiento de la economía, lastrado por la pandemia, que se traduce en un incremento del paro y de la demanda de ayuda a las entidades sociales. Desde la Cocina Económica señalan que se han cumplido sus peores predicciones. “Si antes de la pandemia estábamos sobrepasando las 200 personas a las que dábamos de comer a diario, a día de hoy estamos repartiendo 320 comidas”, anunció Pablo Sánchez, trabajador social

Se ha batido un récord histórico. “Nunca tuvimos un caso semejante, y hemos llegado a ellos desde septiembre, porque fue de menos a más”. Todo comenzó de forma progresiva. Por supuesto, el emblemático comedor de la Cocina Económica, situado en la calle Cordelería: toda la comida se entrega para llevar, así que es más difícil apreciar la situación sin un comedor abarrotado, pero Suárez advierte: “Si tuviéramos abierto el comedor, tendríamos que hacer cuatro turnos, algo que jamás se hizo”. A día de hoy, los menús se entregan en la puerta o en alguno de los puntos de recogida.

Es una situación totalmente distinta a la de cualquier año. A estas alturas, ya parece redundante señalar que la pandemia ha provocado un repunte de pobreza en la ciudad, sobre todo entre aquellos individuos que partían ya de una situación precaria y que se sostenían gracias a unos ingresos provenientes de la economía sumergida para abonar el alquiler y otros gastos básicos.

En precario

“Ya estaban en la cuerda floja, entrando y saliendo de la situación de pobreza y de exclusión social, las ha ubicado allí, pero hay más gente que está llegando”, advierte Pablo Suárez. Pudieron constatar desde la segunda quincena de marzo el grave problema que suponía el confinamiento para estas personas: mujeres que se encargaban de los cuidados en domicilios privados, hombres que trabajaban en logística o en la construcción... “De un día para otro, los empleos desaparecen”, explica Suárez. Según calcula, durante el estado de alarma llegaron a repartir 75 toneladas de comida a cerca de 3.000 personas.

Terminado el confinamiento, se recuperó la actividad, pero ”no lo suficiente para que la gente recuperara a la autonomía”. Por otro lado, las personas solitarias, que no cuentan con ninguna red familiar a la que poder recurrir son las que se encuentran en una situación más precaria. “Cuando uno depende de uno mismo, y no tiene soporte y el paraguas de una familia tiene muchas más posibilidades de llegar a una situación de pobreza y exclusión”.

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